martes, 20 de junio de 2006

El ojo electrónico de la divinidad monetaria

Frei Betto

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La Grecia antigua giraba en torno a ideas; el período medieval, de la fe; el moderno, en las posibilidades (que hoy sabemos exageradas) de la razón. Hoy el paradigma es el mercado. "Consumo, luego existo". Se vive para aumentar la ganancia.



El dinero se ha convertido en algo más que un símbolo del valor de la mercancía o mediador en las relaciones de trueque. Impregnado de fetiche, como observó Marx, es el nuevo ídolo venerado, solemnemente guardado en el sagrario del sistema bancario y a cuya honra son sacrificados valores como la ética, el respeto a las leyes y hasta las vidas humanas. Quien lo posee se siente introducido en el paraíso terrestre. Quien sufre para obtenerlo, se siente en el purgatorio. Y quien carece de él, en el infierno, marginado por la pobreza y condenado al papel de los que padecen bajo el peso sísifo de las deudas.

No es fácil para la familia, la escuela y la religión el inculcar en niños y jóvenes valores éticos en una sociedad que da culto al dinero y a quien lo ostenta. Las instituciones que lo administran -bancos y bolsas de valores- son catedrales estilizadas, cuyas capillas se desparraman por la ciudad mediante una red de agencias. No se ingresa en ellas si no es poseido por aquella compunción de penitente rumbo al santuario, con la esperanza de bendiciones y curaciones. La puerta es estrecha, como la de toda senda que lleva a la salvación y a la riqueza. Omnipresente, el ojo electrónico de la divinidad monetaria vigila cada uno de nuestros pasos y gestos. Una vez allá dentro hay que soportar la fila con la devoción de quien saldará sus deudas, compensado por el alivio de quien purga sus pecados, hace ofrendas a Mammón o espera el milagro de ser beneficiado con créditos y préstamos. Y el ritual exige, naturalmente, estar al día con el diezmo y las tasas de los bancos.

Los medios de comunicación exaltan a quien es favorecido por las bendiciones de la fortuna. Y excluye a la turba anónima condenada a la pobreza. Lo que trae el dinero no es sólo el poder mágico de amasar bienes, confort, seguridad y prestigio. Es, sobre todo, poder, la propiedad de imponer su voluntad a los demás. Gente como Bill Gates, que posee millones de dólares imposibles de ser usufructuados aunque volviera durante varias reencarnaciones, no amontonan semejante fortuna por mera avaricia, sino porque lo vuelven más poderoso.

La riqueza sustituye hoy a la sangre azul. Antes la nobleza ocupaba la punta de la pirámide social. Ser monarca era cuestión de destino dinástico: se nacía noble. Hoy es el dinero quien entroniza a la persona en el poder y, traspasado de generación en generación, asegura un linaje noble. Basta una oscilación de la Bolsa para derribar reyes y coronar plebeyos. Cualquier arribista sin carácter puede brillar en la sociedad desde el momento en que tiene dinero. "El dinero es el nervio de la vida en una Rapública y quienes aman el dinero constituyen las bases incluso de la República misma", decía ya Poggio Bracciolini en 14287 ("De la avaricia y del lujo").

Este paradigma del mercado, asociado a la apropiación privada de la riqueza, hace que se hable tanto de negocios.Se olvida que el vocablo tiene el sufijo 'ocio', como indicando no ser saludable el cuidar tanto los negocios sin reservar tiempo para la convivencia familiar, el descanso, el entretenimiento, las amistades y el perfeccionamiento de la vida espiritual.

Sabios ellos, nuestros abuelos consultaban la Biblia al comenzar el día. Sus hijos, el parte metereológico. Hoy se consultan los índices del mercado financiero. La salud personal parece depender más de las aplicaciones rentables que de la disposición física, mental y espiritual. Y la relación con el dinero delimita las relaciones sociales: quien lo tiene se rodea de sus iguales y se aparta de quien lo perdió o nunca lo tuvo. Quebrar implica perder prestigio y amistades. Estar endeudado es, ante los ojos de los demás, haber contraído una enfermedad contagiosa.

Como decía el profesor Milton Santos, no hay hay un futuro agraciado para una sociedad que cambia los bienes infinitos por los finitos. ¿Cómo enseñar en casa, a las nuevas generaciones, valores que no sean aquellos de los que alardean los operadores de los valores regidos por la Bolsa? (Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escrfitor, autor, junto con Paulo Freire y Ricardo Kotsko, de "Esa escuela llamada vida", entre otros libros.

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La hipnosis inadvertida

Por Miguel Wiñazki
mwinazki@clarin.com

La famosa cuestión de los mensajes subliminales tiene algo de magia. Un aura magnética. Un foco fascinante que reside en pensar que lo que no vemos ni sentimos existe aún en su invisibilidad conciente, y nos domina.

La visión conspirativa de lo que Joan Ferrés denomina "Socialización mediante comunicaciones inadvertidas" supone que somos una masa derrotada, denominada audiencia, que responde a estímulos infrasensoriales de manera automática y abominable: sin libertad.

De ese modo se han elaborado estudios conocidos que analizan por ejemplo la posibilidad de que un mensaje que se emite con gran rapidez por las pantallas de un cine y de manera reiterada convence a los que han sido víctimas involuntarias del mismo de lo que tienen que hacer o consumir a partir de entonces. En general, toda persona está sujeta a innumerables estímulos y no es tan sencillo que uno de ellos se imponga sin fisuras por sobre todos los demás. Las pruebas realizadas a posteriori de esos ensayos indican que esas emisiones generan algún efecto, pero vago, y difícil de mensurar con unanimidad.

Existe una demonología de lo subliminal, que aborda una parte del fenómeno y que asocia unidimensionalmente a lo infrasensorial con las emanaciones de un poder o de diversos poderes que solo quieren manejar a los demás.

Hay algo de cierto sin embargo en esos mitos, y tiene que ver con los íconos que representan de manera condensada, con un trazo, o una imagen no figurativa los valores que presuntamente tiene un producto de determinada marca. Los íconos hipnotizan porque connotan y denotan mucho de manera "hipereconómica" en términos lexicales y discursivos.

Pero lo subliminal no es solo lo fantasmal e hipnótico en un sentido negativo. Es eso.

Pero no sólo es eso.

Lo subliminal también es lo formal según otro de sus efectos. Un diario, por ejemplo, es un diario por su contenido y también por su formato. Por su diseño. Por su logo, por su tipografía, por su tamaño: no es lo mismo un diario sábana que uno tabloide, aunque tengan exactamente los mismos artículos. Es curioso, pero apuntan incluso a públicos diferentes.

La forma es subliminal, pero no por eso es siempre la transmisión de virus socio-psíquicos que adormecen como el cloroformo. Los detalles sensoriales mínimos a veces sí son muy importantes.
Lo mínimo también existe.

La tipografía, para citar un ejemplo de algo que puede parecer secundario, es un detalle, pero un detalle central.

No es lo mismo una tipografía grande y negrísisma, pesada, que una ligera y fina. Lo formal es una manera de comunicar. Hay una política de las formas que es parte de la política editorial de un medio. Son procedimientos para convocar la atención, son artilugios legítimos de la edición, en el caso de los medios gráficos, que enriquecen el lenguaje a través de la configuración del tamaño y la silueta de los grafos, de las letras. La tipografía es caligrafía, y la caligrafía importa. No se leen del mismo modo textos iguales con tipografías diferentes. La caligrafía es artesanal y puede convertirse en tipografía que es un producto industrial y ahora también uno digital y posindustrial. Esa metamorfosis de la grafía es uno de los senderos más extraordinarios de las ciencias de la comunicación. Su efecto es subliminal, en tanto y cuanto el lector no se detiene a analizar lo tipográfico en sí, sino lo que esos "tipos" gráficos enuncian. Pero una buena tipografía es un servicio. Es una llamada de atención allí donde hay que llamarla porque la noticia es importante, y es una atenuación gráfica de esa convocatoria cuando la noticia no merece tanto aspaviento y merece letras menos rimbombantes.

La tipografía es en un punto subliminal y permite la manipulación y el sensacionalismo. Pero también amplía las posibilidades de edición. Y editar mejor es comunicar mejor, y eso forma parte de la esencia del esfuerzo periodístico.

sábado, 3 de junio de 2006

LOS PORTADORES DE SUEÑOS

de Gioconda Belli

En todas las profecías está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan que el hombre creará su propia destrucción.

Pero los siglos y la vida que siempre se renueva engendraron también una generación de amadores y soñadores, hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción del mundo, sino con la construcción del mundo de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor. Detrás de su apariencia cotidiana guardaban la ternura y el sol de medianoche. Las madres los encontraban llorando por un pájaro muerto y más tarde también los encontraron a muchos muertos como pájaros.

Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos por un invierno de caricias. Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños, atacados ferozmente por los portadores de profecías habladoras de catástrofes. Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías dijeron que sus palabras eran viejas y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso es antigua en el corazón del hombre.

Los acumuladores de riquezas les temían, lanzaban sus ejércitos contra ellos, pero los portadores de sueños todas las noches hacían el amor y seguía brotando su semilla del vientre de ellas que no sólo portaban sueños sino que los multiplicaban y los hacían correr y hablar. De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida como también había engendrado a los que inventaron la manera de apagar el sol.

Los portadores de sueños sobrevivieron a los climas gélidos pero en los climas cálidos casi parecían brotar por generación espontánea. Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias torrenciales tuvieron algo que ver con esto. La verdad es que como laboriosas hormiguitas estos especímenes no dejaban de soñar y de construir hermosos mundos, mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se llamaban compañeros, que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban en las muertes, se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se ayudaban en el arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento de todas partes venían a impregnarse de su aliento de sus claras miradas hacia todas partes salían los que habían conocido portando sueños soñando con profecías nuevas que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores y de que el mundo no tendría que terminar en la hecatombe. Por el contrario, los científicos diseñarían puentes, jardines, juguetes sorprendentes para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos - imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.

Hay que destruirlos - imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su poder, por eso no se extrañaban también sabían que la vida los había engendrado para protegerse de la muerte que anuncian las profecías y por eso defendían su vida aun con la muerte. Por eso cultivaban jardines de sueños y los exportaban con grandes lazos de colores.

Los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros vigilando los pasajes y los caminos buscando estos peligrosos cargamentos que nunca lograban atrapar porque el que no tiene ojos para soñar no ve los sueños ni de día, ni de noche.

Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte; por doquier hay paquetes con grandes lazos que sólo esta nueva raza de hombres puede ver la semilla de estos sueños no se puede detectar porque va envuelta en rojos corazones en amplios vestidos de maternidad donde piesecitos soñadores alborotan los vientres que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos desencadenó un cielo de arco iris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles. Nosotros sólo sabemos que los hemos visto, sabemos que la vida los engendró para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.

sábado, 27 de mayo de 2006

Ciudadanía y solidaridad

Frei Betto
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Cualquier persona o institución -movimiento social, denominación religiosa, ONG, escuela, empresa, asociación, etc.- puede y debe promover iniciativas que refuercen la ciudadanía y la solidaridad: mesas redondas, campañas, conferencias, obras que beneficien, sin asistencialismo, a la población más pobre.

Un excelente punto de partida son las Metas del Milenio, aprobadas por 191 países de la ONU en el 2000. Todos, incluso el Brasil, se comprometieron a cumplir los ocho objetivos hasta el 2015: 1) Acabar con el hambre y la miseria. 2) Educación básica de calidad para todos. 3) Igualdad entre sexos y valorización de la mujer. 4) Reducir la mortalidad infantil. 5) Mejorar la salud de las gestantes. 6) Combatir el sida, la malaria y otras enfermedades. 7) Calidad de vida y respeto al medio ambiente. 8) Todo el mundo trabajando por el desarrollo.

No hay nadie que no pueda hacer un gesto en dirección a esos objetivos: debatir en el aula de clase las causas de la pobreza y las trabas para la mejor distribución de la renta; introducir en la escuela la educación nutricional, adoptar los programas Escuelas Hermanas y Joven Voluntario, Escuela Solidaria; promover un panel sobre Chico Mendes, una exposición sobre los derechos de los pueblos indígenas o acciones de combate al trabajo y la prostitución infantil; organizar un huerto comunitario; luchar por la mejoría de la educación, del acceso a medicamentos seguros y baratos o abrir un curso de alfabetización de adultos; denunciar el prejuicio contra los homosexuales y el uso de la mujer como estímulo para el consumismo; fortalecer la pastoral de la infancia y discutir la relación entre explosión demográfica y crecimiento económico con desarrollo social; concientizar sobre los peligros del sida, las causas de la malaria y el aumento de las enfermedades provenientes del desequilibrio ecológico; colaborar en la implementación de la reforma agraria, visitar y apoyar campamentos y asentamientos rurales, enterarse de qué es desarrollo sustentable, etc.

Hay quien aparta la vista de las Metas del Milenio: El mismo error fue cometido cuando los verdes, décadas atrás, levantaron la bandera de la ecología. Felizmente Chico Mendes nos abrió los ojos. Enseñó que la preservación del medio ambiente es de las pocas banderas que movilizan adeptos en todas las clases sociales.

Es preciso movilizar a la nación en torno a acciones concretas que nos permitan construir "otro mundo posible". Y priorizar, en pleno neoliberalismo que asola al planeta, valores antagónicos al individualismo y a la competitividad, como lo son la ciudadanía y la solidaridad.

¿Qué hemos hecho para cambiar el mundo? ¿Qué hace usted, su escuela, su comunidad religiosa, su movimiento social, su empresa? Quejarse es fácil y reclamar no es difícil. El desafío es actuar, organizar, concientizar, transformar.

"Diarios de motocicleta", película de Walter Salles, muestra una escena en la que Ernesto Guevara decide, la noche de su cumpleaños, meterse en el río que lo separaba de la comunidad de leprosos. En aquel momento el Che optó por la margen opuesta, la de la ciudadanía y la solidaridad. No se quedó en la orilla en que nació y fue criado, rodeado de confort y de ilusiones, ni se quedó "en la tercera orilla del río", la de los que se aislan en sus convicciones sectarias y nunca terminan la travesía. Es necesario incentivar esa opción. Porque podemos cambiar el Brasil y el mundo. Basta con pasar de las intenciones a las acciones.

Cabeza, tronco y extremidades: si tiene eso, se trata de un animal. Si piensa, habla y opta, es un animal racional. Si no tira papeles al suelo, respeta al peatón cuando maneja auto, pide factura en el comercio y exige los derechos que le asisten, es un ciudadano.

No es fácil ser ciudadano brasileño. Árbol que nace torcido... Nacimos como una nación-colonia, aprendiendo que lo extranjero es siempre mejor que lo nacional. Tuvimos el más largo período de esclavitud de América Latina (¡350años!). Esa sumisión atávica está inoculada en nuestras venas. Basta que alguien se revista con los símbolos del poder -riqueza, autoridad, ostentación- para ser tratado como si fuera un ser naturalmente superior a sus semejantes.

Ciudadanía rima con soberanía. Es necesario amarse a sí mismo para conquistarla. En caso contrario, las empleadas domésticas continuarán relegadas al ascensor de servicio, los restaurantes finos sólo emplearán meseros blancos, en nuestros vuelos internacionales sólo los pasajeros de primera clase respirarán aire puro (los demás aire reciclado) y todos creerán en la publicidad de los planes de salud, que raramente responden a la expectativa del usuario a la hora de la apertura.

Sucede que la globalización hace estallar todos los fundamentos de nuestra soberanía. El neoliberalismo nos impone el Estado mínimo, tipo hilo dental, y el mercado máximo, tan libre que está por encima de las leyes y de la decencia. Las privatizaciones del patrimonio público (Siderúrgica Nacional, Valle del Río Dulce, Usiminas, sistema telefónico, etc.) son el mayor ejemplo de dependencia de nuestro país al capital privado, en general extranjero. Y lo más grave: se privatizan nuestros valores. Corroen nuestro espíritu ciudadano. Estamos siendo cada vez menos solidarios, menos cooperantes, menos participativos. Hasta la fe religiosa es privatizada, destituida de su resonancia social y política. Como si Dios fuese un mero puesto de emergencias y anabolizante de exaltaciones espiritualistas que no se traducen en servicio liberador del pobre, del enfermo, del excluido.

- Frei Betto es escritor, autor de "Tipos típicos. Perfiles literarios", entre otros libros.

Traducción de J.L.Burguet.

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Comunicación y cultura: "OFREZCAMOS DIÁLOGO, NO ESPECTÁCULO"

Fernando Véliz Montero
Magíster en Comunicación Social, Univ. Autónoma de Artes y Ciencias Sociales (Chile)

Es una realidad afirmar que la comunicación y la cultura son un solo tema a la hora de generar nuevas miradas y puntos de vista. La comunicación es una herramienta no sólo de propaganda y de corte informativo, sino que resulta hoy un campo de creación. La comunicación es un elemento transversal para la cultura; es un instrumento de difusión y creación de sentidos, para un imaginario social cada vez más exigente en las formas y contenidos.

Fundar información, miradas y discursos desde el lenguaje visual, gestual, escrito y/o sonoro, es asumir no sólo el ejercicio de instalar opciones estéticas e ideológicas (campo de ideas) en el debate público. Tampoco es sólo el compromiso de "un autor con su obra". No. Esta creación (artística e intelectual) representa la necesidad imperiosa de toda sociedad por instalar nuevos paradigmas y valores en sus diversas agendas temáticas (individuales, sociales, políticas y artísticas); de igual forma, busca influir en las conversaciones tanto del presente como del futuro, en lo que es el desarrollo de estos grupos humanos... en sus temas. ¿El desafío?: incentivar la renovación e innovación en los contenidos; ponerse al día con la imaginación y la creación; reivindicar finalmente el "Automatismo psíquico" que tanto promovieron André Bretón y los Surrealistas. Es así como podemos afirmar que hoy la cultura y la comunicación son una alianza única a la hora de generar creación y pensamiento crítico en sociedades cada vez más autocomplacientes. Todo apunta a lo mismo: fomentar a como de lugar, el Desarrollo Cultural.

"SE BUSCA" DESARROLLO CULTURAL
Gloria Moreno Pérez en su documento de estudio: "Cultura, comunicación y desarrollo: una relación difícil de definir" analiza el concepto de "desarrollo" desde diversas perspectivas. Uno de los autores citados, G. Esteva, economista y periodista mexicano, plantea: "el desarrollo es comprometerse en un camino que otros conocen mejor, y ensayar hacia un objetivo que ellos ya alcanzaron, pero no con los mismos recursos". Desde esta afirmación surgen preguntas hacia el tema cultural: ¿Cuál es el modelo de desarrollo cultural que hoy requerimos como país? O ¿con qué recursos económicos, educacionales, creativos y comunicacionales contamos para concretar este modelo? Moreno cita a Le Than Khoi, desde donde plantea que el Desarrollo Cultural se observa en el conocimiento, los valores y las actitudes. Muchas veces este desarrollo se ve anulado por la clásica relación, desarrollo = desarrollo económico. La autora enfrenta este error conceptual citando al académico de la universidad de Chicago, Marshall Shalins: "El ser humano no puede tener necesidades, ni comprender la naturaleza, ni tener intereses puros o ninguna fuerza material sino se ha construido culturalmente". De esta forma caemos en otra pregunta, ¿cuáles son los elementos que fundan ésta construcción cultural? La pregunta al igual que la respuesta es amplia y ambiciosa, pero sí se puede ser categórico en un punto: la comunicación -sus soportes y lenguajes- y su uso para el diseño estratégico de la difusión de la cultura, es hoy un tema gravitante para el empoderamiento de este anhelado Desarrollo Cultural.

Ver màs en http://www.comunicacionymedios.com/Reflexion/teorias/teorias-index.htm

Política externa y nuevo paradigma

Leonardo Boff
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La crisis en las relaciones entre Brasil y Bolivia a propósito del gas, permitió que saliesen a la luz dos posturas fundamentales con referencia a las relaciones internacionales. Representan dos paradigmas de política externa: uno enfocado hacia el pasado, regido por la relación amigo-enemigo y por la confrontación; otro orientado hacia el futuro, guiado por la relación del aliado y de la convivencia. Estas posturas aparecieron nítidas en los debates internos y están presentes en la política mundial dentro del proceso de globalización.

Ante todo necesitamos tomar conciencia de la singularidad del momento histórico que estamos viviendo. Nuestra percepción de fondo ha cambiado: nos descubrimos como especie humana, reunida en un espacio limitado que es el planeta Tierra. Todos somos interdependientes. Nuestro destino común se ha globalizado: o cuidamos de la humanidad y del planeta Tierra como un todo o, simplemente, no tendremos ningún futuro.

Los peligros reales pueden significar una oportunidad única para la sociedad mundial, oportunidad de reinvención de un nuevo paradigma de civilización, asentado sobre la hospitalidad general, la convivencia, el respeto, la tolerancia, la responsabilidad universal y la comensalidad. Aprendemos mucho del pasado, pero no nos es permitido repetirlo.

Sin embargo, hay una clase de políticos que, ante los problemas mundiales o regionales, apuestan por soluciones del pasado, que usan la fuerza y el enfrentamiento. El presupuesto teórico formulado por Carl Schmitt (+1985) y repetido por Samuel P. Huntington en «El choque de civilizaciones» dice: «la esencia de la existencia política de un pueblo reside en su capacidad de definir quién es amigo y quién es enemigo». Definido el enemigo, entra a funcionar la política del garrote y la satanización del otro. Es lo que ha sucedido en Brasil con respecto a Bolivia, por causa de la nacionalización del gas hecha por el presidente Evo Morales. La clase política conservadora y miope no vislumbró una política de mediano y largo alcance, adecuada a la nueva fase de la historia de bloques regionales y de constitución de la globalización de la política, que exige diálogo, negociación y conciliación de intereses con vistas a la convivencia pacífica.

Otro grupo de políticos, bien representados por el Presidente Lula y por el Ministerio de Relaciones Exteriores, se mueve dentro de un paradigma de futuro y de largo alcance, exigido por la nueva situación de la humanidad. Al enemigo y a la confrontación se contrapone el aliado y la convivencia. Se reconocen las diferencias, pero se buscan puntos en común, capaces de crear el bloque latinoamericano, con fuerza para dialogar en pie de igualdad con otros bloques y con otros intereses.

Solamente esta actitud sabia responde a la inquietud de cómo construir un futuro común, cómo habitar poética y prosaicamente el mismo mundo, cuál es la base común que nos permitirá el entendimiento recíproco y la construcción de convergencias en las diversidades regionales y globales... Estamos convencidos de que surgirá una Tierra multicultural, coloreada por todo tipo de valores étnicos, éticos y espirituales con una economía multidimensional y una política del bien general. El propósito mayor es un nuevo modelo de coexistencia, que forme una civilización planetaria interconectada.

domingo, 21 de mayo de 2006

Úselo y tírelo



La sociedad de consumo ofrece fugacidades. Cosas, personas; las cosas fabricadas para durar, mueren al nacer, y hay cada vez más personas arrojadas a la basura desde que se asoman a la vida. Los niños abandonados en las calles de Colombia, que antes se llamaban gamines y ahora se llaman desechables, y están marcados para morir. Los numerosos nadies, los fuera de lugar, son "económicamente inviables", según el lenguaje técnico. La ley del mercado los expulsa por superabundancia de mano de obra barata. El Norte del mundo genera basuras en cantidades asombrosas. El Sur del mundo genera marginados. ¿Qué destino tienen los sobrantes humanos?. El sistema los invita a desaparecer; les dice: "Ustedes no existen".

¿Qué hace el Norte del mundo con sus inmensidades de basura venenosa para la naturaleza y la gente? Las envía a los grandes espacios del Sur y del Este, de la mano de sus banqueros, que exigen libertad para la basura a cambio de sus créditos, y de la mano de sus Gobiernos, que ofrecen sobornos.

Los 24 países desarrollados que forman la Organización para la Cooperación en el Desarrollo Económico del Tercer Mundo produce el 98% de los desechos venenosos de todo el planeta. Ellos cooperan con el desarrollo regalando al Tercer Mundo su mierda radioactiva y la otra basura tóxica que no saben dónde meter. Prohíben la importación de sustancias contaminantes, pero las derraman generosamente sobre los países pobres. Hacen con la basura lo mismo que con los pesticidas y abonos químicos prohibidos en casa: los exportan al Sur bajo otros nombres.

En el reino de lo efímero, todo se convierte inmediatamente en chatarra para que bien se multipliquen la demanda, las deudas y las ganancias, las cosas se agotan en un santiamén, como las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza al mercado.

El Sur, basurero del Norte, hace todo lo posible por convertirse en su caricatura. Pero la sociedad de consumo -dime cuánto consumes y te diré cuánto vales- invita a una fiesta prohibida para el 80% de la humanidad. Las fulgurantes burbujas se estrellan contra los altos muros de la realidad. La poca naturaleza que le queda al mundo, maltrecha y al borde del agotamiento, no podría sustentar el delirio del supermercado universal, y al fin y al cabo, la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar el equilibrio de la economía mundial mediante sus brazos baratos y sus productos a precio de ganga. En un mundo unificado por el dinero, la modernización expulsa mucha más gente que la que integra.

Para un innumerable cantidad de niños y jóvenes latinoamericanos, la invitación al consumo es una invitación al delito. La televisión te hace agua la boca y la policía te echa de la mesa. El sistema niega lo que ofrece; y no hay valium que pueda dormir esa ansiedad ni prozac capaz de apagar ese tormento. La lucha social aparece en las páginas políticas y sindicales.

El mundo de fin de siglo viaja con más náufragos que navegantes, y los técnicos denuncian los "excedentes de población" en el Sur, donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento día y noche. ¿"Excedentes de población" en Brasil, donde hay 17 habitantes por kilómetro cuadrado, o en Colombia, donde hay 29? Holanda tiene 400 habitantes por kilómetro cuadrado y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia, un puñado de voraces se queda con todos los panes y peces.

Cada vez son más los niños marginados que, según sospechan ciertos expertos, "nacen con tendencia al crimen y la prostitución". Ellos integran el sector más peligroso de los "excedentes de población". El niño como amenaza pública, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de los Congresos Panamericanos del Niño desde 1993.

A principios de siglo, el científico inglés Cyril Burt propuso eliminar a los pobres muy pobres "impidiendo la propagación de su especie". Al fin de siglo el Pentágono anuncia la renovación de sus arsenales, adaptados a las guerras del futuro, que tendrán por objetivo los motines callejeros y los saqueos; y en algunas ciudades latinoamericanas, como Santiago de Chile, ya hay cámaras de televisión vigilando las calles.

El sistema está en guerra con los pobres que fabrica, y a los pobres más pobres los trata como si fueran basura tóxica. Pero el Sur no puede exportar al Norte estos residuos peligrosos, que se multiplican cada día. No hay manera de "impedir la propagación de su especie", aunque según al arzobispo de San Pablo, cinco niños caen asesinados cada día en las calles de las ciudades brasileñas, y, según la organización Justicia y Paz, son niños buena parte de los 40 desechables que cada mes caen asesinados en las calles de las ciudades colombianas.

Tampoco se puede mantenerlos escondidos, aunque los desechables no existen en la realidad oficial: la población marginal que más ha crecido en Buenos Aires se llama Ciudad Oculta y se llaman ciudades perdidas los barrios de lata y cartón que brotan en los barrancos y basurales de los suburbios de la ciudad de México.

No hace mucho, los desechables colombianos emergieron de debajo de las piedras y se juntaron para gritar. La manifestación estalló cuando se supo que los escuadrones parapoliciales, "los grupos de limpieza social", mataban indigentes para venderlos a los estudiantes que aprenden anatomía en la Universidad Libre de Baranquilla.

Y entonces Buenaventura Vidal, contador de cuentos, les contó la verdadera historia de la Creación. Ante los vomitados del sistema, Buenaventura contó que a Dios le sobraban pedacitos de todo lo que creaba. Mientras nacían de su mano el sol y la luna, el tiempo, el mundo, los mares y las selvas, Dios iba arrojando al abismo los desechos que le sobraban, pero Dios, distraído, se había olvidado de la mujer y del hombre, que esperaban allá en el fondo del abismo, queriendo existir. Y ante los hijos de la basura, Buenaventura contó que la mujer y el hombre no habían tenido más remedio que hacerse a sí mismos, y se habían creado con aquellas sobras de Dios. Y por eso nosotros, nacidos de la basura, tenemos todos algo de día y algo de noche, y somos un poco tierra y un poco agua y un poco viento.

Eduardo Galeano
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sábado, 13 de mayo de 2006

Humores del mercado

Frei Betto
Sacerdote, escritor, autor de (junto con Paulo Freire y Ricardo Kotsko), "Esa escuela llamada vida"

Más que todas las encuestas, el Mercado pesa mucho en la elección presidencial. Hay quien imagina que es un ente virtual. O sólo el resultado de una economía centrada en el lucro, y no en el bienestar de la mayoría. Y no falta quien afirma que es una categoría económica que define el espacio donde se dan las relaciones de compra y venta.

El Mercado escomo Dios: existe, todo el mundo habla de él, pero se mantiene invisible y actúa sin que lo percibamos. La diferencia es que, al contrario de Dios, sólo promueve el bien de una minoría. Y no tiene la menor sensibilidad, sino que perjudica a la mayoría, apoyado en el dogma de que es inmutable e inevitable. Como a los grandes criminales, no le gusta mostrarse. Su principal característica es su frecuente cambio de humor. Con facilidad se irrita, permanece inestable, nervioso; y un rato después aparece calmado, tranquilo, sonriente. Nada le alegra más que engordar el lucro de los bancos.

Pero cuando al Mercado no le gusta lo que está ocurriendo -o, como dicen los comentaristas especializados en economía, "reacciona mal"- el dólar sube, el Peligro Brasil aumenta, la Bolsa de Valores cae. Pero si el Mercado siente su ego acariciado, entonces sucede todo lo contrario.

Todos sabemos que el Mercado es el termómetro que hoy nos indica si hará buen o mal tiempo, pero nadie sabe dónde vive ni se cruza con él en la esquina. Sólo los comentaristas y los ministros del área económica tienen contacto con él. O mejor, el Mercado conoce el número de los celulares de esa gente. Y cada mañana, después de leer los periódicos y de oír en la radio las últimas entrevistas con los caciques de la política, él llama a sus portavoces y manifiesta su estado de humor.

Si el presidente le manda al ministro de Hacienda abrir el arca en época de elecciones, el Mercado ridiculiza, insulta, vocifera al teléfono y se toma una caja de Lexotan. Pero si promete no reducir el lucro de los bancos ni decepcionar a los inversores extranjeros, se calma, sonríe y manda a sus portavoces anunciar que hoy está de buen humor. Al Mercado no leimporta si hay niños muriendo de hambre en el Valle del Jequitinhonha o si aumentó el número de los desempleados en São Paulo. Lo que le interesa es defender, con uñas y dientes, a los pocos que ganan mucho. Sobre todo a los inversores extranjeros, pues no le gusta el Brasil ni los brasileños. Además, sólo habla inglés y de preferencia ese extraño dialecto llamado "economés".

Al Mercado le gusta también el ver a un país pobre pagando sus deudas, aunque mueran millones de miseria. Sí, no se espante, pues su lógica es otra. No tiene religión, ni ética, ni corazón. Sólo intereses. Y no le gusta ser provocado. Aunque, por suerte, cuando se altera, sus portavoces aparecen en los medios de comunicación para transmitirnos su estado de ánimo. De ese modo cada vez que se pone nervioso yo me escondo debajo de la cama. Sé que en el hemisferio Norte los inversores borran al Brasil del mapa de la especulación financiera. Sin embargo cuando el Mercado se calma salgo aliviado de mi escondrijo y acompaño a la caída del dólar y al alza de la Bolsa.

Los acólitos del Mercado veneran a Wall Street y odian la red de protección previsional que asegura a millones de pensionistas, enfermos y ancianos un futuro de menos penuria. Y sueñan cada noche con el único porvenir que les interesa: ocupar un cargo de dirección en el Banco Mundial o en FMI, figurar en el consejo de los mayores bancos del país; por eso, tratan a los dueños del dinero como seminaristas delante del Papa.

No olvide que el Mercado adora jugar al columpio. Lo que no le gusta es que le empujen. Y tenga cuidado, pues aunque él no vota, puede que no le guste su voto en las próximas elecciones presidenciales. Además, puede que no apoye a su candidato, porque no le inspira confianza. Entonces él lanza su propaganda terrorista, tratando de hacer creer que si tal candidato venciera habría fuga de inversores, éxodo de capital, regreso de la inflación y desvalorización de la moneda. Así que ponga atención, que el Mercado no suele tener simpatías para quien favorece al pueblo.

Ingresos, salarios y Convenios Colectivos en Argentina 2006

Por: Claudio Lozano - Ana Rameri - Tomás Raffo (especial de ARGENPRESS.info)
El diputado Claudio Lozano y su equipo acaban de publicar un exhaustivo informe sobre la desigualdad distributiva en Argentina. A continuación se reproduce el trabajo.

Síntesis y conclusiones

El material que ponemos en consideración permite sacar un conjunto de conclusiones de interés frente al debate actual sobre ajustes salariales, convenios colectivos y recomposición necesaria de la población se plantea:

1) La canasta familiar (para una familia tipo) ascendía (según INDEC) a finales del 2005, a $2.207,7.

2) El ingreso promedio de los ocupados (también a finales del 2005) ascendía a $722. Es decir, representaba el 32,7% de la canasta necesaria.

3) Obsérvese que los $722 son inferiores (-17%) incluso a la canasta considerada para definir la línea de pobreza de un hogar tipo ($860).

4) Pese a que el nivel de actividad económica del año 2005 es un 5,8% superior al obtenido en el año 1998 (año en que comienza la crisis) la relación entre la canasta necesaria y el ingreso promedio no sólo no se ha recompuesto sino que ha empeorado. En aquel momento la canasta ascendía a $1.292 y el ingreso promedio de los ocupados era de $533,2, es decir un 41% del valor de la citada canasta.

5) A los valores de finales del 2005, un hogar donde los dos adultos perciban $722 y además reciban $60 por asignaciones familiares, tendría un ingreso total de $1.564, es decir un 30% inferior a la canasta necesaria. Demás está decir que lo expuesto se funda en supuestos muy optimistas. Difícilmente puedan tener trabajo los dos adultos con una tasa de desempleo del 12,7%.

6) Así las cosas y poniendo como necesaria una canasta de $2.207, debería incrementarse el ingreso promedio en un 45% para llevarlo a $1.045, debería reducirse la tasa de desocupación para que ambos adultos trabajen y habría que generalizar las asignaciones familiares al conjunto de los trabajadores. Sólo así, el ingreso promedio de los hogares alcanzaría el valor de la canasta.

7) Los valores promedio presentados pueden desagregarse. Así el salario promedio de los registrados ($1.072) permite que trabajando los dos en blanco y cobrando las asignaciones alcancen el valor de la canasta. Sin embargo, el ingreso de los cuentapropistas ($632) indica que un hogar conformado por estos se encuentra 42,7% abajo del valor de la canasta. De igual modo, para el caso de los no registrados cuyo ingreso es de $391, el hogar podría ubicarse un 64,5% abajo del ingreso necesario.

8) Las situaciones expuestas son sólo algunas de las 25 posibles que este material considera en la conformación del hogar. Así podrá observarse que solo una de las 25 posibilidades logra alcanzar el valor de la canasta necesaria (es el caso de que ambos integrantes del hogar sean asalariados formales; la posibilidad menos concreta en el contexto de que el 60% de la fuerza laboral está precarizada). Las restantes posibilidades requerirían un incremento de los ingresos de los hogares que oscilan entre un 25,1% y un 1372%.

9) Como consecuencia del cuadro expuesto, la Distribución del Ingreso indica que la participación de los ingresos populares en el total del PBI no supera el 27%, no se ve fraccionada en términos sustantivos pese a la alta tasa de crecimiento económico y sigue ubicada más de cinco puntos por debajo de los niveles que tuviera en el año 2001.

10) La desigualdad distributiva se sostiene en el marco de un proceso donde la expansión de la productividad no se traslada al incremento de los salarios. Así, en el sector industrial mientras la productividad creció un 12,4% en el período 2001-2005, el salario real sólo se incrementó un 0,4%. Contexto en el cual las empresas exhiben una reducción del 35,9% en sus costos laborales.

11) A su vez, para las 1000 empresas más grandes del país, la masa salarial total representa el 25,6% del valor agregado. Es decir, que el 74% constituyen ganancias líquidas o superávit bruto de explotación.

12) Para el caso de las 100 más grandes la masa salarial representa apenas el 17,9% del valor agregado.

13) Las 1000 empresas más importantes emplean sólo a 609.243 asalariados que representan apenas el 10,3% de los 5.914.594 asalariados registrados, el 5,6% de los 10.948.395asalariados totales, sólo el 4% de los 14.698.461 ocupados y apenas el 3,7% de los 16.335.578 que integran la PEA urbana.

14) La productividad anual de cada asalariado ocupado en las 1000 empresas más grandes asciende a $120.000. Con tal productividad la remuneración promedio que para dichos trabajadores se ubica en $2.379 podría ascender a $9.280. En el caso de las primeras cien empresas donde la productividad anual por trabajador es mayor ($200.000) la remuneración promedio que se ubica en $2.669 podría llegar a $15.000. Los números indican que los trabajadores de las principales empresas, si bien son los mejor pagos en el universo de los trabajadores, al mismo tiempo como discuten sus condiciones de empleo en el marco de un mercado laboral signado por el desempleo, la informalidad y la ilegalidad, al tiempo que la ausencia de “libertad sindical” les pone obstáculos a su organización, terminan siendo también los que presentan las mayores tasas de explotación laboral.

15) Las primeras cien empresas ganan por mes el equivalente a 12.203 sueldos promedio.

16) Las primeras cien empresas ganan por minuto más que lo que perciben como ingreso promedio los ocupados en la Argentina.

17) Por lo expuesto, queda claro que la expansión de la productividad y de los beneficios en las grandes empresas permite incrementar los salarios sin ningún riesgo en materia inflacionaria.

18) La amenaza inflacionaria y la fijación de pautas salariales que apenas si compensan el ritmo inflacionario (aumentos del 19% frente a una inflación promedio del 12% y una previsión para alimentos que no baja del 15%) actúan como instrumentos de disciplinamiento que preservan las ganancias extraordinarias obtenidas por las grandes empresas (núcleo central de la “competitividad” de la economía argentina) y que impiden que los asalariados mejoren su participación en el ingreso.

19) Sólo 2.402.088 trabajadores están involucrados en las negociaciones colectivas. Apenas el 14,7% de la fuerza laboral urbana.

20) Si quienes discuten salarios representan una franja ínfima de la fuerza laboral; si además lo hacen en condiciones de restricción tales que les impiden discutir las ganancias extraordinarias de las empresas y no existen políticas públicas de “alcance universal” que permitan mejorar la situación del 85% restante de la fuerza de trabajo; queda claro que la estrategia en vigencia carece de política alguna dirigida a modificar la distribución del ingreso heredada del colapso de la convertibilidad y la salida devaluacionista.

21) Más allá de las consideraciones expuestas, la historia argentina previa a 1976 exhibía relaciones históricas entre canasta familiar, salario básico de convenio y salario mínimo que ubicaban el salario básico de convenio en el 80% de la canasta familiar y al salario mínimo en un 60% del básico. Si aplicáramos este criterio a la situación actual esto indicaría que el promedio del salario básico de convenio correspondientes a las distintas actividades debería rondar los $1.766 y el salario mínimo los $1.060. Los datos consignados en materia de beneficios y productividades demuestran claramente que las grandes empresas están en capacidad de pagar esto y más

22) Paradojalmente la preocupación absolutamente infundada que las grandes empresas plantean respecto al impacto que los aumentos salariales podrían tener, es un indicador más que para las mismas el salario como fuente de demanda ha perdido relevancia para su estrategia económica. Por otro lado, quienes se beneficiarían de una mayor demanda popular, exhiben problemas serios para absorber los aumentos salariales (Ej.: pequeñas y medianas empresas, economías regionales). Sólo podrían asumirlos si hubiera un tratamiento específico en términos tributarios, financieros, comerciales, tecnológicos, etc.

23) La distribución del ingreso no puede ser entonces, un apéndice o parche del modelo de concentración vigente. Requiere, para ser posible, de un replanteo integral que involucre al conjunto de la política económica.

24) Es casi una verdad de perogrullo pero un régimen que mantenga una elevada concentración de los medios de producción, que se sostiene en una estructura productiva con altos niveles de desarticulación y con un mercado laboral donde más del 60% de la fuerza laboral está precarizada, sólo puede reproducir desigualdad.

Si se asocia el costo de vida con la canasta que necesita una familia tipo, compuesta de matrimonio y dos hijos en edad escolar para Capital y Gran Buenos Aires (que es la información que releva el INDEC), la reproducción de sus condiciones de vida requería a finales del 2005 $2.207,7.

Por otro lado el ingreso promedio de los trabajadores (incluye el salario de los asalariados y los ingresos de los cuentapropistas) para el 4to trimestre del 2005 (último dato disponible) es de $722. Es decir el ingreso promedio representa apenas el 32,7% del costo de vida del hogar. Asumiendo que trabajen los dos mayores, supuesto optimista en un contexto en que la tasa de desocupación es del 12,7%, y que perciben la asignación familiar de $60 por hijo (supuesto también optimista porque las asignaciones sólo la perciben los asalariados registrados), el ingreso total de la familia promedio ascendería a $1.564. Es decir, con los supuestos optimistas que hemos realizado, el ingreso familiar estaría casi 30% por debajo del valor de la canasta necesaria. Ver cuadro Nº 1.

Cuadro Nº 1: Canasta Necesaria para la familia tipo, ingreso promedio de los ocupados, asignaciones familiares e ingreso total familiar promedio. En pesos de 2005.



No está demás recordar que la situación actual refleja un deterioro respecto del año 1998. En aquel entonces el valor de la canasta necesaria era de $1.292 mientras el ingreso promedio era de $533,2. Es decir el ingreso promedio representaba el 41% del valor de la canasta. Asumiendo que trabajasen los dos adultos y con el valor de las asignaciones familiares (de $40 en aquel entonces), el ingreso total familiar ascendía a $1.146,4. Es decir tampoco en aquel entonces el promedio de trabajadores llegaba a cubrir el valor de la canasta, pero la distancia que lo separaba era menor: era del 11,3% respecto al 30% actual. Este empeoramiento ocurre en un contexto en que el nivel de actividad económica es superior en un 5,8% al del año 1998. Ver cuadro Nº 2.

Cuadro Nº 2: Canasta Necesaria para la familia tipo, ingreso promedio de los ocupados, asignaciones familiares e ingreso total familiar promedio. En pesos 1998.



Para resolver el desfasaje existente el ingreso promedio debería ubicarse en $1.045. Es decir debe crecer un 45% respecto de la situación actual (ver cuadro Nº3). Esto asumiendo que los dos adultos trabajen y que todos los trabajadores perciban las asignaciones familiares. Es decir debe bajar la tasa de desempleo y universalizarse las asignaciones familiares para que el incremento del ingreso promedio del 45% permita cubrir el valor de la canasta necesaria.

Cuadro Nº 3: Canasta Necesaria para la familia tipo, ingreso promedio de los ocupados para que con las asignaciones familiares el ingreso total familiar promedio cubra la canasta necesaria. En pesos 2005.



Obviamente lo hasta aquí expuesto remite a un promedio, la realidad es más compleja. En el promedio se agregan las diferentes situaciones que atraviesan los asalariados formales, los no registrados y los trabajadores por cuenta propia. Desglosando estas realidades resulta que los asalariados registrados tienen en promedio un salario de $1.072 que añadiendo las asignaciones familiares que perciben alcanzan con lo justo a cubrir el valor de la canasta necesaria. En cambio la situación de los trabajadores por cuenta propia, así como de los asalariados no registrados, es diametralmente opuesta. Sus ingresos promedios son marcadamente inferiores a los de los asalariados registrados y encima no perciben las asignaciones familiares. Así los trabajadores por cuenta propia presentan un ingreso total familiar inferior en un 42,7% al valor de la canasta, mientras que los asalariados no registrados tienen un ingreso familiar promedio casi 65% por debajo del valor de la canasta. Ver cuadro Nº 4.

Cuadro Nº 4: Canasta Necesaria para la familia tipo, ingreso promedio de los ocupados, asignaciones familiares e ingreso total familiar promedio. Según tipo de trabajador. En pesos de 2005.



Las situaciones expuestas corresponden a casos donde los dos integrantes adultos de la familia tienen la misma inserción laboral: ambos son asalariados registrados ó ambos son asalariados no registrados ó ambos son trabajadores por cuenta propia. Estos son ejemplos que la realidad se encarga de complejizar aún más.

En este sentido los integrantes adultos de una familia tipo pueden presentar una de 5 posibles inserciones en el mercado laboral:

a) Puede ser un asalariado formal. En cuyo caso el salario promedio es de $1.072 y tiene un asignación familiar de $60 por menor.

b) Puede ser un trabajador por cuenta propia. En cuyo caso el ingreso promedio es de $632,4 y no percibe asignaciones familiares.

c) Puede ser un asalariado no registrado. En cuyo caso el salario promedio es de $391,8 y no percibe asignaciones familiares.

d) Puede ser un desocupado que cobre un plan. En cuyo caso percibe una asignación de $150 y no percibe asignaciones familiares.

e) Puede ser desocupado sin plan . En cuyo caso su ingreso es 0.

Estas 5 posibilidades combinadas entre sí originan 25 posibilidades de inserción laboral del hogar. Así el ingreso promedio que puede obtener un hogar depende de la inserción laboral de cada uno de los integrantes adultos del mismo. En el cuadro Nº 5 presentamos los 25 posibles ingresos medios que perciben los hogares según el tipo de inserción de los adultos. Puede observarse que las situaciones van de un extremos en que los ingresos son de $2.264 (ambos son asalariados registrados) a una situación donde los ingresos son 0 (ambos son desocupados y no perciben el plan Jefes).

Cuadro Nº 5: Ingreso promedio de los hogares tipo según inserción laboral de los integrantes adultos. En pesos 2005.



En el cuadro Nº 6 presentamos la diferencia en pesos en que cada uno de estos 25 tipos de hogares necesitan para alcanzar el valor de la canasta necesaria. Puede observarse que sólo en el caso en que ambos sean asalariados registrados se cubre esta canasta. Está claro que está posibilidad es de todas una de las más remotas en el contexto actual donde el 60% de la fuerza de trabajo está en condiciones de precariedad laboral. Para los 24 casos restantes los ingresos del hogar no alcanza a cubrir el valor de la canasta. Para el caso en que en un hogar exista un desocupado que no percibe el plan Jefes la diferencia de ingresos con la canasta necesaria va desde $1.075,7 (en el caso en que el otro integrante sea un asalariado registrado) al valor de la propia canasta, es decir los $2.207 (en el caso en que el otro integrante esté desocupado y no cobre el plan).

Cuadro Nº 6: Diferencia entre el costo de la Canasta Necesaria de $2.207,7 y el ingreso promedio de los hogares tipo según inserción laboral de los integrantes adultos. En pesos 2005.



En el cuadro Nº 7 presentamos el porcentaje de aumentos que se requiere para que cada uno de los diversos hogares alcance a cubrir el costo de la canasta necesaria. Puede observar que el aumento de ingresos necesario es distinto según como esté compuesto el hogar. Para el caso de los trabajadores formales el aumento debería rondar una banda entre el 25,1% (si uno de ellos sea un trabajador por cuenta propia) y el 95% (si uno de ellos es desocupado). Es decir supera ampliamente la banda de entre el 16% y el 19% que se pretende imponer como techo a las discusiones salariales.

Para el caso de que el hogar tenga un trabajador por cuenta propia el aumento de ingresos debe rondar entre el 25,1% y el 249,1%. Para el caso de que uno de los integrantes sea un asalariado no registrado el aumento de los ingresos debe rondar entre el 72,2% y el 463,5%. Para el caso de que uno de los integrantes sea un desocupado que percibe el plan Jefes, el aumento de los ingresos debe ser 72,8% al 1.371,8%. Y si uno de los integrantes es un desocupado sin planes el aumento del ingreso familiar debe rondar entre el 95% y prácticamente infinito para aquellos cuyos ingresos son 0.

Cuadro Nº 7: Aumento en porcentaje que se requiere para equiparar el valor de Canasta Necesaria con el ingreso promedio de los hogares tipo según inserción laboral de los integrantes adultos. En pesos 2005.



Esta claro que existen importantes heterogeneidades de ingresos al interior de los sectores populares. Sin embargo estas heterogeneidades garantizan que el conjunto de los sectores populares hayan retrocedido en la participación de la riqueza que la Argentina produce.

En el Cuadro Nº 8 presentamos la masa de ingresos de los sectores populares para el período 2001 – 2005. Esta masa de ingresos está constituida por la masa de ingresos del conjunto de los ocupados sin patrones (los asalariados registrados, lo no registrados y los trabajadores por cuenta propia), la masa de ingresos de los trabajadores rurales, los fondos de los aportante que captan las AFJPs y la totalidad pagos de jubilaciones y pensiones que realiza el Estado.

Cuadro N º 8: Masa de ingresos total de los sectores populares desagregada. 2001 - 2005. En pesos corrientes.



En el cuadro Nº 9 presentamos la masa de ingresos de los ocupados y del conjunto de los sectores populares en proporción del PBI de cada año. Puede observarse que ambas participaciones están por debajo de la que representaban en el 2001. Así la masa de ingresos del conjunto de los ocupados representaba en el 2001el 25,4% del PBI mientras en el 2005 representa el 22,3%. Lo mismo ocurre con la totalidad de ingresos de los sectores populares: representaba el 32,5% del PBI del 2001 y actualmente representa el 26,7%. Es decir que se perdió 5,8 puntos en la participación, lo que implica un caída del orden del -21,7%. En términos de tendencia puede decirse que la caída de la participación se debe a la profunda debacle del año 2002. Iniciado el actual proceso de crecimiento económico que por 3 años consecutivos ha transitado la economía a una tasa del orden del 9% anual, la apropiación de los sectores populares de la riqueza generada tuvo una recomposición en el 2003 y a partir de ahí se tiende a mantener en torno a esta participación alcanzada.

Cuadro N º 9: Participación de la masa de ingresos de los sectores populares en el PBI a precios de mercado. Valores corrientes. 2001- 2005



Lo expuesto corresponde a la situación en que finaliza cada año (la medición corresponde a los 4tos trimestres de cada año). Si tomamos la situación promedio del año el cuadro descripto no se altera significativamente. Así la participación del ingreso de los sectores populares se mantendría por debajo de la que tenía en el 2001. Es decir se habría pasado de tener una participación del 31,5% en el PBI del 2001 a una participación del 26,3%. De esta manera la participación de los sectores populares habría retrocedido 5,2 puntos, lo que implica una caída del orden del -20%. La diferencia respecto a la anterior medición es que en el año 2004 no hay una caída en la distribución sino que mantiene la participación alcanzada en el 2003. Ver cuadro Nº 10.

Cuadro N º 10: Participación de la masa de ingresos de los ocupados urbanos (s/ patrones) en el PBI a precios de mercado. Valores corrientes. 2001- 2005.



Tampoco se altera la tendencia si al cuadro anterior lo consideramos a valores constantes del 2001. Para este ejercicio deflactamos la masa de ingresos de los sectores populares según la evolución del Indice de Precios al Consumidor (IPC). En este caso la caída en la participación de los sectores populares es mayor. Pasa de representar el 31,5% del PBI del 2001 al 25,9% en el 2005. Es decir un retroceso en la participación del orden de 5,6 puntos, lo que implica una caída del -21,6%. En este caso la tendencia seguida en el marco del crecimiento económico revela que en el 2004 hay un aumento de la participación respecto del 2003 (del 25,2% al 26,1%), pero en el 2005 la participación de los sectores populares vuelve a caer (al 25,9%). Ver cuadro Nº 11.

Cuadro N º 11: Participación de la masa de ingresos real de los ocupados urbanos (s/ patrones) en el PBI a precios de mercado del 2001. Masa de ingresos deflactada por el IPC. 2001- 2005.



Idéntica tendencia pero con una caída aún más pronunciada se obtiene si la deflactación de la masa de ingresos de los sectores populares se realiza por medio de la evolución de los precios de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) para el caso de los asalariados no registrados, los trabajadores rurales y las masa de jubilaciones y pensiones (pues tienen un salario / haber promedio equivalente al valor de esta canasta), por la evolución de la Canasta Básica Total (CBT) para el caso de los trabajadores por cuenta propia (pues su ingreso promedio se acerca al valor de esta canasta) y por la evolución del IPC para el resto de los ingresos que componen la masa de ingresos de los sectores populares (asalariados registrados y aportes en poder de las AFJPs).

En este caso la participación de los sectores populares paso de representar el 31,5% en el 2001 al 24,6% en el 2005. Es decir la participación de los sectores populares retrocedió 6,9 puntos, lo que implica una caída del -28%. En términos del impacto del crecimiento económico la tendencia fue a un crecimiento de la participación en el 2003 y el 2004 y a una caída leve en el 2005. Ver cuadro Nº 12.

Cuadro N º 12: Participación de la masa de ingresos real de los sectores populares en el PBI a precios de mercado del 2001. Masa de ingresos deflactadas según corresponda por CBA, CBT y IPC. 2001 – 2005.



Más allá de las diferencias respecto a la evolución de las participaciones para los años de crecimiento económico, en cualquier de las cuatro mediciones posibles la participación de la masa de ingresos de los sectores populares del 2005 refleja caída considerable con respecto a la situación del 2001. La caída ronda entre el -20% (para el caso de los promedios anuales a valores corrientes) y el -28% (para el caso de los promedios anuales deflactados según IPC, CBA y CBT). Lo que también comparten las 4 mediciones es que luego de la abrupta caída de la participación en el 2002, la recomposición más importante de la participación de los sectores populares se dio en el 2003. Es decir en el primer año de crecimiento económico donde el aumento del PBI fue del 8,8%. En el 2004 y el 2005 en un contexto en que el PBI creció más que en el 2003 (9% en el 2004 y 9,2% en el 2005) la participación de los sectores populares apenas si se mantuvo levemente por arriba del 2003. Es decir no tuvo impacto distributivo significativo.

La profundización de la desigualdad distributiva se sostiene, en el marco del proceso de crecimiento económico, en la apropiación de la productividad por parte de las empresas. Si tomamos los datos del sector manufacturero podemos observar que la situación de la primera mitad del 2005 respecto del 2001 revela que la producción creció un 24,5% y los puestos de trabajo un 10,7%; por lo que la productividad por puesto de trabajo creció un 12,4%. En este mismo período el salario real apenas creció un 0,4%. Es decir el superávit bruto de explotación por puesto de trabajo creció un 11,9%. Es decir prácticamente se apropió de toda la productividad del período. Todo esto en un contexto en que los costos laborales experimentaron una caída del 35,9% en relación al 2001. Ver cuadro Nº 13.

Cuadro Nº 13: Industria Manufacturera. Volumen Físico de Producción, obreros ocupados, salario real, productividad y costo laboral. 2001 – 2do trimestre 2005. 2001= base 100.



La caída de la participación de los ingresos de los sectores populares en el PBI y la apropiación de la productividad por parte de las empresas son los mecanismos que sostienen la expansión de las utilidades, principalmente de las grandes firmas. Al respecto en el cuadro Nº 14 presentamos los resultados provisorios que ha arrojado el operativo especial de Grandes Empresas que el INDEC ha realizado en el marco del desarrollo del Censo Nacional Económico 2004.

Los datos del cuadro permiten afirmar que

- En las 1.000 empresas más grandes del país del año 2003, la participación de la masa salarial dentro del valor agregado representa tan solo el 25,6%. Es decir que el 74,6% es la masa de ganancias líquidas de las empresas (también conocido como superávit bruto de explotación).

- Para el caso de las 100 empresas más grandes, la masa salarial representa nada más que el 17,9% del valor agregado. Así en estas 100 empresas las ganancias que se apropian representan el 82,1% del valor agregado.

- Las 1.000 empresas emplean a 609.243 asalariados que representan apenas el 10,3% de los 5.914.594 asalariados registrados, el 5,6% de los 10.948.395 asalariados, sólo el 4,1% de los 14.698.461 ocupados y el 3,7% de los 16.335.578 que componen la PEA urbana. Es decir su tracción en términos de empleo es mínimo.

- Para el caso de las 100 empresas más grandes, éstas emplean a 245.019 asalariados. Es decir el 40% de los asalariados de la cúpula.

- En las 1.000 empresas más grandes la productividad por asalariado alcanza un valor de $120 mil mientras que ronda los $200 mil para las primeras 100 empresas.

- Estas elevadas productividades no se condice con la remuneración bruta (incluye aportes y contribuciones a la seguridad social) que pagan las empresas de la cúpula. Para el caso de las 1.000 más grandes la remuneración promedio alcanza los $2.379 mensuales mientras que la productividad alcanzada permitiría pagar una remuneración promedio de $9.280. Para el caso de las primeras 100 empresas, la remuneración promedia es de $2.669 mientras la productividad alcanzada permitiría pagar una remuneración promedia de casi $15.000. Así, si bien los trabajadores de la cúpula son los mejor pagos, son también los que presentan sin dudas las mayores tasas de explotación laboral.

- Esta brutal explotación laboral se percibe con nitidez al observar las siderales ganancias de las empresas de la cúpula. Así las ganancias (superávit bruto de explotación) ascendieron en el 2003 para cada una de las 1.000 empresas en promedio a $54,6 millones; mientras que para las primeras 100 empresas las ganancias durante el 2003 fueron de cerca de $400 millones por empresa.

- Es decir que por mes el promedio de las 1.000 empresas obtuvieron una ganancia de $4.554.750 pesos. Esta ganancia equivale a 1.915 sueldos que estas empresas pagan. Para el caso de la primeras 100 empresas la ganancia por mes ascendió a $32.574.417; es decir ganaron por mes el equivalente a 12.203 sueldos promedios.

- Es decir que por minuto cada unas de las 1.000 empresas ganó $105 durante el 2003; mientras que para el caso de las primeras 100, las ganancias por minuto ascendieron a $754. Para estas últimas las ganancias promedio por minuto son superiores a los ingresos que en promedio percibía un ocupado en la Argentina en dicho año ($530). En el marco de que el año 2003 fue el año en que se operó la recomposición de la participación de los sectores populares en el PBI, es de esperar que este indicador de desigualdad se haya mantenido e incluso profundizado en el contexto del fuerte crecimiento del 2004 y 2005.

Cuadro Nº 14: Variables económicas de las empresas de la cúpula. Primeras 1.000 y primeras 100 empresas más grandes. Año 2003.



Por lo expuesto, queda claro que la expansión de la productividad y de los beneficios en las grandes empresas permite incrementar los salarios sin ningún riesgo en materia inflacionaria. Si lo hacen es porque quieren seguir manteniendo las elevadas rentabilidades que vienen obteniendo. En un contexto en que el 70% de las negociaciones colectivas se dan en el ámbito de la empresa, es decir son realizados con las empresas de la cúpula económica, no parece haber razón para que desde el Gobierno Nacional se fije como pauta de aumento salarial para la ronda de negociaciones colectivas del 2006 una banda que oscile entre un 16% y un 19%. Las grandes empresas pueden y deben pagar mucho más que eso. En rigor la pauta de aumento previsto por el Gobierno está en línea con una inflación que, si se mantiene el ritmo de aumento del primer trimestre, será del 12% anual en el nivel general y del 15% para los precios de los alimentos. Es decir, la pauta salarial fijada apenas permite una leve mejora en el poder adquisitivo de los trabajadores formales pero sobre la base de mantener los aumentos de productividad, pasados y los futuros, en poder de las empresas.

La amenaza inflacionaria y la fijación de pautas salariales que apenas si compensan el ritmo inflacionario actúan como instrumentos de disciplinamiento que preservan las ganancias extraordinarias obtenidas por las grandes empresas (núcleo central de la “competitividad” de la economía argentina) y que impiden que los asalariados mejoren su participación en el ingreso.

Por si fuera poco, es una realidad incontrastable que el universo de los trabajadores contenidos en las negociaciones colectivas es una parte minoritaria de la totalidad de la fuerza laboral que tiene la Argentina. Así en el marco del crecimiento notable de las negociaciones colectivas durante el 2005 que ubicaron el nivel de negociaciones por arriba de todos los registros de los últimos 15 años, los trabajadores involucrados fueron 2.402.088 formales. Es decir el 40% de los asalariados formales. Sin embargo este conjunto representa solo el 21,9% del total de asalariados y apenas el 14,7% de la totalidad de la fuerza laboral. Ver cuadro Nº 15.

Cuadro N º 15: Asalariados incluidos en la negociación colectiva, total de asalariados formales, asalariados totales y fuerza laboral. Porcentaje de asalariados incluidos en las negociaciones. Período 2005



Así combinar una techo de entre el 16% y el 19% de aumento en el marco exclusivo de las negociaciones colectivas es una estrategia, que queriéndolo ó no, mantiene congelada e incluso puede agravar la ya injusta distribución del ingreso vigente. Si quienes discuten salarios representan una franja ínfima de la fuerza laboral; si además lo hacen en condiciones de restricción tales que les impiden discutir las ganancias extraordinarias de las empresas y no existen políticas públicas de “alcance universal” que permitan mejorar la situación del 85% restante de la fuerza de trabajo; queda claro que la estrategia en vigencia carece de política alguna dirigida a modificar la distribución del ingreso heredada del colapso de la convertibilidad y la salida devaluacionista.

Más allá de las consideraciones expuestas, la historia argentina previa a 1976 exhibía relaciones histórica entre canasta familiar, salario básico de convenio y salario mínimo que ubicaban el salario básico de convenio en el 80% de la canasta familiar y al salario mínimo en un 60% del básico. Si aplicáramos este criterio a la situación actual esto indicaría que el promedio del salario básico de convenio correspondientes a las distintas actividades debería rondar los $1.766 y el salario mínimo los $1.060. Los datos consignados en materia de beneficios y productividades demuestran claramente que las grandes empresas están en capacidad de pagar esto y más. Paradojalmente la preocupación absolutamente infundada que las grandes empresas plantean respecto al impacto que los aumentos salariales podrían tener, es un indicador más que para las mismas el salario como fuente de demanda ha perdido relevancia para su estrategia económica. Por otro lado, quienes se beneficiarían de una mayor demanda popular, exhiben problemas serios para absorber los aumentos salariales (Ej.: pequeñas y medianas empresas, economías regionales). Sólo podrían asumirlos si hubiera un tratamiento específico en términos tributarios, financieros, comerciales, tecnológicos, etc.

La distribución del ingreso no puede ser entonces, un apéndice o parche del modelo de concentración vigente. Requiere, para ser posible, de un replanteo integral que involucre al conjunto de la política económica. Es casi una verdad de perogrullo pero un régimen que mantenga una elevada concentración de los medios de producción, que se sostiene en una estructura productiva con altos niveles de desarticulación y con un mercado laboral donde más del 60% de la fuerza laboral está precarizada, sólo puede reproducir desigualdad.

sábado, 22 de abril de 2006

La conversión de Bartolomé de las Casas

Enrique DUSSEL

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Según él mismo ha dejado escrito, había llegado a América, apenas nueve años después del primer viaje de Colón, y participado en la conquista violenta de los indios tainos. Ya como sacerdote, participó en la conquista de Cuba, realizada "a sangre y fuego". Recibió como pago de sus servicios, en el reparto, un grupo de indios que trabajaban para él. Durante 12 años, nos dice de sí mismo: estuve bien ocupado y cuidando mis granjerías, como los otros, enviando los indios de mi reparto a las mismas, a sacar oro y hacer sementeras, aprovechándome de ellos cuanto más podía".

En abril de 1.514, le pidieron que celebrara la Eucaristía y les predicara el Evangelio. Se preparó considerando las lecturas. Lo golpearon de tal manera, que no pudo celebrar la Misa. El texto que lo impactó, es del Libro del Eclesiástico, capítulo 34, versículos 18 al 22:

"Sacrificar cosas mal habidas, es ofrenda impura: a Dios no le agradan los presentes de los malvados. No se complace el Altísimo en ofrendas de los impíos; ni perdona los pecados por muy numerosas que sean las víctimas. Inmola un hijo ante los ojos de su padre, quien ofrece algo a Dios robándoselo a los pobres. La vida de los pobres depende del poco pan que tienen; quien se lo quita es un asesino. Mata a su prójimo quien le arrebata el sustento; vierte sangre quien le quita el salario al jornalero".

"Comencé -continúa el sacerdote- a descubrir la miseria y servidumbre que sufrían aquellas gentes (los indios). Aplicando lo uno (el texto bíblico) a lo otro (su propia situación), descubrió por sí mismo, convencido de la misma verdad, que era ceguera, injusticia y tiranía todo cuanto acerca de los indios se cometía" (De la Historia de las Indias, libro III, cap. 79).

Y Bartolomé de las Casas, que ése era el sacerdote, no celebró su misa. Descubrió de pronto que el "pan" que pensaba ofrecer había sido arrebatado a los pobres; que era asesinar a los indios arrebatarles el fruto de su trabajo. Y como estaba por "decirles misa", dijo a los españoles que "no se podían salvar" si trataban de esta manera a los indios. Vio el pan manchado de sangre.

Se cuenta de san Francisco Solano, que predicó el Evangelio en el Norte Argentino con su violín, y cuya imagen se descubre todos los días a los turistas en la quebrada de Humahuaca, que una vez lo invitaron a comer unos conquistadores. Al bendecir la mesa tomó un pedazo de pan y lo apretó en sus manos, y comenzó a salir sangre. Y que el santo dijo entonces: "esta sangre es la de los indios". Y se retiró sin comer bocado.

Quien ofrece entonces a Dios un pan robado al pobre, ofrenda a Dios la sangre, la vida, del pobre. El pobre (el indio), es el hijo. Y Bartolomé sintió que ofrecía al Padre la misma vida de su hijo, que "sacrificaba al hijo en presencia de su Padre". Cuando Bartolomé descubrió que el pobre era el indio... Cuando descubrió que él era el que explotaba al indio... Cuando descubrió que iba a ofrecer en la Eucaristía el pan robado a los pobres... no pudo celebrar más la eucaristía. Antes, liberó a sus indígenas el 15 de agosto de 1514, "y aunque no tenía un solo centavo, ni de dónde sacarlo, sino una yegua que podía vender... se propuso ir a Castilla y relatar al Rey lo que pasaba". Allí comenzó su entrega total por la justicia, que ocupará el resto de su vida, cincuenta y dos años de muchas persecuciones.

Y pudo volver a celebrar su eucaristía... porque ofrecía un pan que no arrebataba a los pobres. Ofrecía el pan de justicia, el pan -fruto de la tierra y del trabajo de los humanos- amasado con su trabajo en favor de los más pobres.

Dios no desea que se le ofrezca la vida del hijo asesinándolo en su presencia. Dios quiere la vida de sus hijos; lo que desea justamente como ofrenda es el trabajo por la vida de los que sufren: dar de comer al hambriento, devolver la vida al moribundo, incrementar la vida del que está perdiéndola, ése es el culto que ama el Altísimo. El culto eucarístico sólo puede ser recibido por el Padre, si es pan de justicia, pan que ha quitado el hambre, pan repartido y multiplicado para saciar el hambre de los hambrientos.
(Extractado de un artículo de Enrique Dussel,
"El pan de la celebración, signo comunitario de justicia", Concilium 172, pgs. 236 y ss)

sábado, 8 de abril de 2006

Sueño de libertad

Por Oscar Taffetani*. Espartaco es un nombre de origen griego. Quiere decir “el que siembra”. Nadie recuerda el nombre de un esclavo tracio que fue llevado como gladiador al circo romano, en el 70 antes de Cristo. Pero todos saben que Espartaco es el nombre del líder de la más importante rebelión de esclavos que conoció el mundo antiguo.

Siglos después, al otro lado del Atlántico, otro esclavo llamado Breda (por la plantación en la que había nacido) acaudilló el primer grito emancipatorio de América. Breda propuso -tremenda osadía- que la consigna “Libertad, Igualdad, Fraternidad” echada a los cuatro vientos por la Revolución Francesa, valiera también... para los negros de Haití.

Hoy nadie recuerda a un esclavo haitiano llamado Breda. Pero sí recuerdan, la memoria popular y los diccionarios, a Toussaint Louverture (Louverture quiere decir, en créole, El Comienzo).

A diferencia de los linajes imperiales, de la “sangre azul” y los frondosos árboles genealógicos que suelen cultivar los dueños de la tierra, los esclavos no tienen otro abolengo que su sangre roja -siempre roja- ni otra herencia que los callos de sus manos y que su esperanza.

Son un presente perpetuo. Y un sueño, nunca abandonado, de libertad.

Los nuevos esclavos

Cuatro chicos, una mujer y un hombre -dicen los diarios- murieron el jueves 30 de marzo, en el incendio de un taller textil que funcionaba en el barrio de Caballito, Buenos Aires.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, alertado sobre “otro posible Cromañón”, llegó rápidamente al lugar. Allí le informaron que el taller incendiado contaba con la debida habilitación municipal. Y también, que en ese taller había “trabajo esclavo”.

Autoridades nacionales y municipales se lanzaron al conocido juego de las acusaciones mutuas, por las tareas incumplidas de un Estado ausente (o cómplice, digámoslo con propiedad) que permite que el trabajo inseguro, ilegal y en condiciones de esclavitud crezca hasta proporciones nunca vistas, en pleno siglo XXI.

Un diario argentino publicó, el pasado domingo, que habría en Buenos Aires unos 12 mil obreros textiles bolivianos y peruanos, trabajando en condiciones de esclavitud.

La Unión de Trabajadores Costureros, modesto sindicato de una más modesta cooperativa de trabajadores bolivianos, presentó más de cien denuncias sobre talleres ilegales, que hasta ahora no habían sido escuchadas. Ellos calculan que son tres mil los trabajadores sometidos a un régimen de esclavitud, sólo en la ciudad de Buenos Aires.

En cuanto al trágico incendio de Caballito, todavía no se han publicado los nombres de los cuatro niños muertos allí. Los medios evalúan, tal vez, que es un detalle que poco aporta al conocimiento de los hechos. Sí trascendió -por denuncia de su marido- el nombre de Máxima, una obrera boliviana que habría perecido, junto a sus dos hijos, al no poder salir del local.

Paradójicamente -pensamos- a la hora en que Máxima moría asfixiada en un taller-ratonera, donde su vida no valía más que una pila de jeans para cortar, otra Máxima, princesa de Holanda, se hallaba visitando, junto a la reina Beatriz, los palacios ministeriales argentinos.

Reina y Princesa daban clases de “moda real” (así dijeron los diarios) a ministros, funcionarios y admiradores.

La Máxima de “sangre azul”, probablemente, nunca se enteró de que otra Máxima, esclava, murió con sus hijos en el barrio de Caballito, un jueves de marzo del siglo XXI, sin poder alcanzar su esquivo sueño de libertad.

* Artículo publicado en la Agencia Pelota de Trapo
(APE).http://www.cta.org.ar/base/acta.php3?id_mot=358

Argentinidad al palo


PANORAMA ECONOMICO Pàgina 12 (hoy)
Por Alfredo Zaiat
Avellaneda, a mediados de la década del ’60, era una calle empedrada, donde los chicos jugaban con libertad, interrumpida cada tanto por el colectivo 99 o algún automovilista desorientado. A lo largo de esa avenida, relegada a una arteria secundaria por la siempre respetable Gaona, de la que está separada por pocas cuadras, se sucedían casas bajas, una tras otras. Había muy pocos comercios, los necesarios para un barrio tranquilo donde convivían en armonía las colectividades de inmigrantes judíos y árabes, experiencia que merecería ser estudiada. La transformación acelerada comenzó en la década del ’90. Antes había empezado a desarrollarse un pequeño centro comercial, pero de escasa relevancia, nunca pensado como competencia del Once. En los años de la convertibilidad, las viviendas de esa avenida se convirtieron sin pausa en locales, que se alquilaban a valores elevados en dólares. Pero la revolución comercial de Avellaneda, ya bastante convulsionada por esos cambios, empezó a vislumbrarse a fines de los ’90, para estallar con la devaluación. El rubro textil renació con un dólar alto que frenó las importaciones, y el área de demolición de casas, chalet y viejos almacenes y quioscos se extendió a las calles aledañas (la tradicional Confitería El Globo fue uno de los últimos en capitular por casi 1,5 millón de dólares). Sobre esos lotes se construyen locales con talleres incluidos en las plantas superiores. Y del mismo modo que en el Once, se instalaron comerciantes de la comunidad coreana y también boliviana. Los precios que se pagan por el terreno de las viviendas para destruir, los valores de venta de los locales, así como también los que se fijan por la llave y el alquiler mensual, son tan desproporcionados en dólares como la desmesura de la explotación de los trabajadores. Así se entiende que por un local normal, por ejemplo, se desembolse 200 mil dólares por un contrato de tres años de alquiler (llave más mensualidad), porque la mercadería se hace en talleres propios o tercerizados, pagando al costurero pocas monedas por cada prenda.

El drama del taller de Caballito –donde murieron seis personas– revela una forma de producción, más allá de cuestiones morales. Se trata de la adaptación del toyotismo a un grupo de trabajadores vulnerables por su condición de inmigrante. Lo esencial del toyotismo, según afirma Satoshi Kamata en su libro Japan in the Passing Lane –un reportaje clásico sobre Toyota–, es lo que él mismo caracterizó como “la fábrica de la desesperación”. Esto significa que el objetivo es reducir el “desperdicio”, que traducido en lenguaje llano implica que si el trabajador respiraba y en cuanto respiraba durante algunos momentos no producía, lo urgente entonces era encontrar el modo de que pudiera producir respirando y respirar produciendo. Pero nunca respirar sin producir. Basándose en ese modelo, Toyota consiguió reducir en un 33 por ciento el “tiempo ocioso” o el “desperdicio” en sus procesos de fabricación. De ese modo, la industria automovilística japonesa, que era casi inexistente en 1955, superó a la de Estados Unidos 20 años después. “La industria japonesa había hallado el modo de llevar la productividad hasta la cima”, explica el docente en Sociología del Trabajo de la Universidad de Campinas, el brasileño Ricardo Altuness.

El toyotismo no es una creación original japonesa. Satoshi Kamata admite que se inspiró en el modelo de los supermercados y en el de la industria textil: niveles alarmantes de explotación del trabajador, de intensificación del tiempo y del ritmo de trabajo. Esas condiciones de ultraflexibilidad laboral se ha expandido –ya sin las normas formales de una planta productiva– en las últimas dos décadas a los países periféricos, ante la necesidad de las multinacionales de incrementar su productividad y, por lo tanto, mantener su tasa de ganancia frente a la competencia. Predomina, entonces, una clase de operario en condiciones de precariedad, como los empleados-niños de Nike o Adidas en Indonesia, los bolivianos en los talleres de Caballito y Floresta o los chinos en la propia China, que trabajan todo el día por la cama, la comida y monedas. Los empresarios de Avellaneda –judíos, coreanos y también bolivianos– argumentan en charlas informales que es la única forma de competir con la importación china. Es la misma lógica de producción implementada por Toyota para competir y desplazar del liderazgo del mercado a los autos estadounidenses.

Esa forma de explotación provoca la indignación mediática y la reacción oportunista de las autoridades porque murieron seis personas. Pero hace pocos meses hubo una protesta de trabajadores bolivianos (de la firma Montagne) por las mismas condiciones de trabajo por las que hoy se clausuran talleres sin generar repercusión oficial ni cierre de locales. La red de corrupción que rodea a ese circuito económico es muy amplio. Y la vista gorda del Estado, desde inspectores y policías, forma parte inseparable de esta historia. Nadie puede hoy sorprenderse por las formas de organización con marcada informalidad del sector textil. El Mercado Central a comienzos de los ’90 y las grandes ferias del Conurbano, con La Salada como centro emblemático, que venden indumentaria de marca falsificada a bajísimos precios, son grandes productores de mercadería en negro. El sector textil siempre se caracterizó por su elevada informalidad. Y como en tantas otras cosas, esa industria empezó a imitar a gran escala las formas de producción de esos centros de marginalidad. Avellaneda ha empezado a competir con, por ejemplo, La Salada. Por eso se produjo una migración de talleres y trabajadores bolivianos de ese gran mercado concentrador de lo trucho hacia Avellaneda. Basta con recorrer el barrio los días de semana y ver las decenas de ómnibus del interior que traen comerciantes del interior a comprar mercadería. Antes iban a La Salada.

Los trabajadores inmigrantes de países limítrofes no desplazan a los nativos, porque éstos no realizarían las tareas en esas condiciones. Ellos vienen a ocupar el lugar en el sistema laboral-productivo que en su momento tuvieron los migrantes del interior del país, los cabecitas negras. Igualmente aparece en el imaginario colectivo la idea de la usurpación de los escasos puestos de trabajo y el usufructo de la riqueza nacional. Pero eso no es así. Resulta irrelevante, por lo tanto, plantear una encuesta o dar crédito a oyentes de la radio sobre qué se debería hacer con los trabajadores bolivianos. Así sólo se alimenta la xenofobia y el racismo, al emerger ese rostro perverso de la discriminación que algunos estudiosos del tema denominan “psicosis de inmigración”. Uno de ellos, Susana Novick, sostiene que indicar a los inmigrantes como los responsables de los males internos, “despertando oleadas xenófobas en críticos momentos históricos”, forma parte de una asociación “de larga data y gran circulación en el seno del discurso político y en la legislación del Estado”.

La Argentina ya no tiene el modelo integrador del inmigrante como el de 1880, que postulaba hacer de cada extranjero un argentino. Hoy el inmigrante es rechazado. Sufre una doble exclusión, como precisa la especialista Adriana Rizzo, en El caso del inmigrante en la Argentina en los tiempos de la globalización: sus huellas en los discursos mediáticos, porque “el otro” extranjero “sin derechos aparece como que viene a robar al argentino lo poco que tiene. Y, además, sufre la exclusión social marcada por la resignación a aceptar trabajos informales, la sobreexplotación, la falta de derechos y protección social”. Por ese motivo no es insignificante cuál es el discurso político y mediático ante la situación de los trabajadores bolivianos, puesto que el que predominó en la década pasada activó el racismo y la xenofobia latente como respuesta socialmente aceptable en una situación de crisis

sábado, 1 de abril de 2006

“Estamos peor que en los ‘90”


Carlos Tomada, ministro de Trabajo, ofreció una conferencia de prensa para explicar cómo evoluciona para bien el mercado de trabajo. Claudio Lozano no está de acuerdo y cuestiona toda la política económico-social.
El ministro de Trabajo, dijo que se viene registrando no sólo “la mejora en la calidad” del empleo, sino también “una progresiva mejora de la estructura ocupacional”.

Tomada comunicó que con el aumento del empleo registrado durante el mes de febrero, ya son 41 los meses de crecimiento sostenido, al dar a conocer los indicadores laborales.
Durante el 4to. trimestre del año pasado el índice de los asalariados que trabajan ‘en negro’ se ubicó en el 45,5%, 3,4 puntos porcentuales menos que en el mismo período de 2004.
La caída en el indicador implica que unos 200.000 trabajadores pasaron a desempeñarse en el sector formal de la economía el año pasado, con lo que los empleados en negro serían al final de 2005 unos 4,7 millones de persona.

Esta es, la entrevista que le hizo al economista y diputado nacional Claudio Lozano, un periodista del sitio La Vaca, y que se tituló “Estamos peor que en los ‘90” (y si de algo no puede acusársele a Lozano es de ser un melancólico de los ‘90):


-Los diarios nos reciben cada mañana con una nueva noticia sobre la mejoría económica, ¿qué tan bien estamos según su análisis?
-Por lo general la visión vulgar del debate económico suele presentar diferencias entre ciclos recesivos y ciclos de expansión. Pero el modo en que se distribuye esa carga recesiva o los beneficios del crecimiento quedan, en general, fueran del análisis. Efectivamente, acá hay una diferencia. Argentina vive una etapa de recuperación económica que es diferente en su dinámica al proceso de fuerte caída que tuvo desde mediados de 1998 hasta mediados de 2002. En ese período, la Argentina cayó 20 puntos, que son casualmente los que está recuperando a tasas aceleradas en los últimos tres años. Ahora estamos apenas un poco por encima del nivel de actividad económica de 1998. Pero esta visión deja afuera las condiciones de organización misma de la economía. El colapso de la convertibilidad y la devaluación cambiaron el esquema de negocios de la Argentina sin que se haya alterado su régimen de alta concentración, sin que se haya alterado el patrón distributivo de profunda regresividad, sin que se observen cambios sustantivos en el modo de intervención del Estado y sin que haya diferencias sustantivas en el tipo de inserción que el país tiene en términos productivos y financieras en la economía mundial. Los basamentos estructurales de la experiencia que la Argentina vivió en los últimos 30 años siguen intactos. Lo único que cambió tras la devaluación, fue el régimen de negocios.

-¿Qué cambió y qué sigue igual?
-En la etapa pasada los negocios principales y de mayor rentabilidad eran los vinculados a la especulación financiera o a las áreas de servicios privatizadas y, consecuentemente, los niveles de rentabilidad de actividades productivas eran menores. En la etapa actual, la renta que obtienen las actividades productivas son mayores, y la de las áreas vinculadas a los servicios de las áreas privatizadas son menores que antes. Pero el hecho de que haya un cambio en el esquema de negocios sin modificación en los basamentos más estructurales determina algunas cosas: si bien se recuperó el nivel de actividad económica, llegando a los niveles del ‘98, la recuperación en términos sociales es más lenta. Lo que parece observarse es que la Argentina termina de organizar un esquema económico después de la devaluación que se sostiene en condiciones de mayor explotación de la fuerza de trabajo y de mayor pauperización que los que dominaron las condiciones de funcionamiento de los 90.

- ¿En base a qué datos saca estas conclusiones?
-Ejemplo: la Argentina tiene mayores niveles de actividad económica que en el año ‘98, pero cuenta con una tasa de desocupación superior a la que existía en aquel momento. En el ‘98, la desocupación estaba en el orden del 11 por ciento. Hoy, incluyendo, a los que perciben planes, la Argentina está en el orden del 13%. Y el ingreso promedio de los argentinos actualmente es inferior al que había entonces: está un 25% por debajo de aquel momento. Hay otra relación muy importante, que ha cambiado y es muy determinante: la relación entre el ingreso promedio y el nivel necesario para que un hogar tipo no sea pobre. En la Argentina actual, el ingreso promedio está aproximadamente 10 puntos por debajo de lo que necesita un hogar para ser pobre. En el ‘98, el ingreso promedio estaba 34% por encima de lo que necesitaba un hogar para no ser pobre. En aquel momento había 10 millones de pobres, hoy existen 15 millones.

-Ya me lo imagino a Néstor Kirchner confrontando con usted, diciendo: “Esos son los que dicen que con Menem estábamos mejor...”.
-Lo que hay que hacer es entender la realidad. La situación social argentina no se construyó de un día para otro. Fue el resultado de una etapa de reestructuración de la economía que implicó el predominio de la actividad financiera en desmedro de lo productivo. Implicó también cambios distributivos importantes. Pero el modo de construirse fue a través de distintas crisis: hubo una en el ‘76/’77, que fue el momento de instalación del proyecto regresivo de la dictadura, hubo una nueva crisis en el ‘82, otra en el ‘89, una en el ‘94/’95 y la última en 1998/2002. Cada crisis lo que nos demuestra es que luego de su pico se instituye un plan de relativa normalidad que siempre es mejor al momento propio de la crisis. Por lo tanto si uno compara el modelo de la tablita cambiaria de (José Alfredo) Martínez de Hoz del ‘78 al ‘81 va a encontrarse con situaciones, en términos relativos, mejores que las que caracterizaban el período de la crisis ‘75/’76. Ahora lo que lo no sucedió nunca es que se volviera a los niveles previos a la crisis. Y esto pasó en todos los casos.

- ¿Y qué perspectivas ve ahora de que se vuelva a los niveles previos a la crisis?
-Lo que uno observa no es alentador. Porque si uno hoy tiene niveles de actividad superiores a los del año ‘98, no es lógico que tenga mayor tasa de desempleo, debería tener menor. La lógica sobre la cual se organiza la salida productiva y exportadora de la Argentina actual se sostiene en mayor explotación de la fuerza de trabajo y mayor empobrecimiento de la sociedad. Es cierto que estamos mejor que en 2002. Pero también es cierto que estamos peor que en los ‘90. Y no es claro que la cosa mejore. Si vamos al patrón distributivo, hoy tenemos en términos de participación del total del PBI, que los que están ocupados y no son patrones reciben 5 ó 6 puntos por debajo de lo que recibían en 2001. Y si bien hubo una pequeña recomposición en 2003, lo cierto es que en 2004 y 2005 se agudizó la desigualdad. Da la sensación que se estabiliza un nuevo piso de pobreza: si en los ‘90 la pobreza estaba en el orden del 25%, ahora da la sensación es que ese piso estará por arriba del 35%, sino el 40%. Porque digo esto: porque cada vez hay más datos que indican que el crecimiento tiene un menor derrame.

-¿A qué datos se refiere?
-El nivel de empleo que genera cada punto de crecimiento de la economía, cada vez es menor. La economía generó mucho empleo en 2003, la mitad en 2004 y la mitad de la mitad en 2005. La economía creció en los últimos tres años casi al 9% cada período. Entonces, ese mismo 9% cada año genera menos empleo. El segundo elemento es que la composición del empleo no se ha alterado: sigue repartiéndose por mitades entre empleo formal y empleo ilegal o informal y estos últimos tienen un menor nivel de ingreso. El tercer dato es que el empleo en blanco que se genera -que es el que se propagandiza- tiene niveles salariales inferiores a los históricos. La persona que ingresa hoy a un trabajo no lo hace con el promedio salarial de los trabajadores que ya están en el mercado, sino por debajo. Estos tres elementos indican que el derrame tiende a agotarse, por eso cada vez es menos lo que bajan la pobreza, la indigencia y el desempleo. Además, hay otro tema importante: la capacidad de sostener esta tasa de crecimiento, que depende del volumen de inversión. Con una inversión que está en el orden del 20% del PBI no parece posible sostenerla. Hasta ahora eso se logró porque hubo una ganancia de productividad muy grande sobre la base de la capacidad instalada. Pero, en verdad, lo que se invierte es de carácter marginal. Eso se advierte cuando se mira la composición de la inversión. El 60% ó 65% proviene de la construcción, se vincula al boom inmobiliario residencial y privado, que es una de las actividades que en el modelo vigente tiene niveles importantes. Pero esto nos reenvía a lo que dije antes: el boom inmobiliario tiene que ver con la distribución del ingreso. Porque con una distribución profundamente injusta como tiene la Argentina, el patrón del mercado interno está basado en el consumo de los segmentos altos de la población. Los dos sectores que están funcionando son el de la construcción residencial y el automotriz. La construcción residencial tiene límites en términos de inversión reproductiva y la industria automotriz, en realidad, es una armaduría, porque los autos se traen en forma completa del exterior o se fabrican con una elevada proporción de componentes importados.

-¿Cómo definiría al modelo K?
- El modelo vigente es un modelo hacia afuera, de colocación de naturaleza barata en el mercado mundial. El patrón de exportaciones no tiene diferencias respecto al anterior a la crisis. La devaluación no ha modificado el perfil exportador en términos de agregación de valor. Y, en segundo lugar, es un modelo hacia arriba, en el sentido de atender las demandas de los sectores más acomodados de la población. El modelo se sostiene orgánicamente en una distribución más regresiva. Sobre este esquema se construye la ideología desarrollista el gobierno actual. Todas sus políticas tienen como único objetivo ver cómo se sostiene la tasa de inversión. El gobierno no ha tomado como eje el tema de la distribución del ingreso.

- ¿Se anima a enunciar medidas concretas que permitan una mejor distribución de la riqueza?
-Lo primero que hay que entender es que una economía con alto nivel de concentración, con una fuerte desindustrialización y con un mercado informal tan grande, solo reproduce desigualdad si uno la deja funcionar sin producir intervenciones específicas. Así las cosas, la economía puede crecer pero de manera desigual. Y para modificar eso hay que actuar en todas las áreas. Si existe un mercado formal que representa sólo el 30 por ciento del mercado laboral, lo que hay que pensar son políticas de carácter universal. Si el Gobierno fija el salario mínimo y cree que de esa manera se le pone un piso al mercado laboral, se equivoca. Porque en realidad el salario mínimo tiene que ver con los trabajadores privados que están en blanco y con los trabajadores del sector público a nivel nacional. Pero deja afuera a los desocupados, a los que están en negro, a los trabajadores de los estados provinciales que están en blanco (que no se rigen por el salario mínimo). En consecuencia, el verdadero salario mínimo no son los $ 630 que se fijaran por última vez, sino que son los $ 150 del plan Jefas y Jefes o los $ 225 del plan Familias, según el último anuncio Lo que uno tiene que tener es una estrategia de transferencia de ingresos que le llegue al conjunto de la población. El FRENAPO (Frente Nacional contra la Pobreza) había planteado un programa que planteaba un seguro de desempleo y formación para el desocupado y se completaba con una asignación universal para todos los pibes y una jubilación universal para todos los mayores sin cobertura. El seguro de empleo y formación más la asignación universal permitían a los hogares estar por encima de la línea de pobreza. Un estado debería garantizar que nadie se ubicara por debajo.

- El posibilismo político dice que eso es sólo una utopía.
-Objetivamente, la Argentina tiene condiciones para hacerlo. Basta observar el producto, la generación de riqueza anual, y lo que consumen los hogares. El total que consumen los argentinos equivale a la compra de canastas básicas para que 120 millones de personas no sean pobres. Si tenemos 15 millones de pobres es porque mientras que algunos se quedan con muchas canastas otros no tienen ninguna. Lo que se requiere es un tipo de intervención que replantee la transferencia de ingresos. Y si se cambia la distribución, cambia la demanda. Ya no tendrías demanda sostenida por el sector de altos ingresos sino por los sectores populares. Esto, a su vez, cambia el perfil de producción.

- Concretamente, ¿de dónde obtendría los recursos económicos para la asignación universal?
-De los recursos fiscales que se disponen. Si uno hace números, el Estado estaría -aún después de haberle pagado la deuda al Fondo-, con niveles de recaudación suficientes para pagar inmediatamente $ 70 por pibe y garantizar la ayuda escolar anual de $ 130. Estas dos cosas hoy tendrían un impacto muy significativo: 5 millones de personas dejarían de estar por debajo de la línea de pobreza o de indigencia. Si encima el Estado pusiera en marcha alguna estrategia de reconstrucción de su capacidad financiera, poniendo en marcha una reforma impositiva, los logros podrían ser mayores. Pero el gobierno ha clausurado esa discusión. Ya lo había clausurado (el ex ministro Roberto) Lavagna y ahora que aparecieron versiones de que la nueva ministra, Felisa Micelli, quería hacer algo, fue el mismo Presidente que dijo que ni había que hablar del tema. Si hubiera una reforma impositiva se recaudaría más: la Argentina recauda mal y poco.

-¿Por qué?
- La Argentina recauda 26 ó 27 puntos mientras que Brasil recauda 35 puntos. Y recauda poco porque lo hace mal. La carga impositiva está formulada en base a impuestos sobre el consumo, que tienden a gravar a los sectores medios y de menores ingresos. Hay un escaso peso sobre las rentas. El impuesto a las ganancias mantiene exenciones a los pagos de dividendos en las sociedades, al cobro de alquileres, a las rentas financieras, a la compra-venta de títulos. Y todo esto con independencia de la fuerte fuga que hay vinculada con la ausencia de articulación entre la administración tributaria nacional y las administraciones tributarias provinciales. Porque la verdad es que es muy difícil cobrar ganancias o bienes personales a nivel nacional sin vincularlo con lo que las provincias cobran en términos de inmobiliario urbano o rural, o automotriz. La ausencia de coordinación implica que no haya un padrón único de grandes contribuyentes. Hay más elementos, como la reforma previsional. Hoy existe una cantidad de fondos que se transfiere de los trabajadores en actividad a las administradoras de fondos de jubilación y pensión, un régimen que no resuelve el sistema previsional. Si se retomara el sistema público, se recuperarían 7.000 millones por año. También se podría restituir las contribuciones patronales a los niveles que tenían en 1993. En ese momento se modificaron con el argumento de que el dólar estaba 1 a 1, pero estamos 3 a 1. Si se quiere, esto podría hacerse exceptuando a las pequeñas empresas. Todas estas reformas implicarían recursos múltiples, sin pensar si quiera en el uso de las reservas.

-¿Por qué razón, entonces, un gobierno que podría pasar a la historia por terminar con la pobreza no toma este tipo de medidas?
-Hay dos razones por las que nunca se llevan adelante las políticas de carácter universal. La primera es porque la universalidad pone en cuestión a buena parte del sistema político argentino. El hecho de que uno no tenga recursos para el conjunto de los pobres hace necesaria algún tipo de intermediación para cubrirlos monetariamente. Esto implica que hay alguien que dice “este recibe y este no”. Eso ha construido una parte relevante de lo que son las practicas clientelistas del sistema político actual. El primer punto de confrontación de las políticas de universalidad es que rompen las prácticas políticas que caracterizan a los partidos dominantes. El plan Jefas y Jefes llegó a tener mas de dos millones de beneficiaros, de los cuales 250 mil era manejados por organizaciones sociales. El resto lo entregaba el Estado provincial o municipal. El segundo tema es que si yo garantizo un piso de ingresos para las familias postergas equivalente a los niveles de pobreza, le pongo un piso más alto al mercado laboral y potencio la capacidad de discusión de los trabajadores ocupados. Consecuentemente, pongo en discusión las ganancias extraordinarias de las principales empresas del país. Implica también una confrontación con la estructura económica actual.
-¿Cuándo se habla de la nueva política no se plantea terminar con estas prácticas?

-Actualmente no hay una estrategia para desbordar el sistema político tradicional, solo existe un cambio en la organización de los actores: desaparecen algunos cacicazgos pero se mantienen otros. Hay una renovación de carácter generacional de estructuras pre-existentes. Puede perder poder (Eduardo) Duhalde, pero dentro del kirchnerismo hay un montón de duhaldistas y hasta menemistas. Además, como en esta lógica desarrollista se cree que si las principales empresas invierten se genera empleo y se resuelven los problemas, se percibe de una manera negativa presionar sobre la rentabilidad de las empresas. Y esto, desde una interpretación benigna. Desde una mirada maligna se podría decir que hay más intención de preservar los ingresos de las empresas que a mejorar la situación de la gente.

- Sin embargo, hoy no se escuchan en vos alta discursos que defiendan intereses empresariales. Al menos de manera tan obscena como en los’ 90.
-A partir 2001 hay un punto de inflexión en la vida política argentina. La sociedad fue capaz de cuestionar la experiencia política del neoliberalismo, pero tuvo como límite no haber sido capaz de construir una fuerza política que permita sostener un proceso de transformación. Esa etapa política existe y se expresa en algunas cosas: hoy, por ejemplo, el discurso legítimo para esta sociedad tiene que confrontar con lo que pasó en los 90. Y ese discurso, que tiene límites, se pudo sostener hasta ahora porque la transformación económica ha sido muy fuerte respecto al momento propio de la crisis. Naturalmente hay una visión de que se está mejor respecto al 2002, pero lo que va a empezar a discutirse ahora es “cómo es esto de que estoy peor que hace cinco años”. Porque ahora hay una política de contener la inflación, pero el principal sustento es anclar los ingresos de la gente. Si los precios no tienen que subir más que un uno por ciento mensual, los salarios ¿cuánto suben?. Porque si siguen igual, no se recuperan. En el 2005, una porción muy chica, el 6% ó el 7% de la fuerza de trabajo creció por encima de la inflación en promedio. Los trabajadores en negro, los trabajadores públicos, los que cobran planes crecieron por debajo de la tasa de inflación. Acá lo que va a empezar a notarse es que no se plantea una solución a la distribución del ingreso. Las estadísticas del INDEC son una señal, y el rechazo del Gobierno a esa metodología -que es la misma que se utilizaba hasta el mes anterior-, también. La brecha entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre se expandió a 31 veces. Lo mejor ya pasó, lo que viene ahora es una desaceleración de la tasa de crecimiento. Se crecerá menos, con derrame inferior.

- ¿Esa puja distributiva es la que motiva una mayor conflictividad gremial en relación con los ‘90?
- Hay un desplazamiento en el eje del conflicto. Antes estaba situado en quienes resistían el cierre de fuentes de trabajo, o se materializaba en un ámbito territorial a través de quienes habían quedado excluidos. Ahora lo que hay es una pelea por la distribución, y lo dominante del conflicto aparece en el ámbito gremial. Ahí aparece otro tema donde el gobierno tiene grandes contradicciones. Si quiero profundizar un proceso de distribución de ingreso necesito actores con capacidad de disputar en todos los lugares. Pero el problema que existe es que hay límites precisos a la actividad sindical. Más allá de las estructuras existentes, una tendencia muy fuerte de los grandes establecimientos, consiste en no permitir la organización de los trabajadores. Si alguien entra a Coca-Cola, en Barracas, te hacen firmar la renuncia, que se ejecuta en el mismo momento que participas de una actividad gremial. ¿Por qué se puede hacer esto? Porque la presión que existe con una tasa de desempleo del 13% es lo suficientemente significativa para que el trabajador lo acepte. Esto también determina que las grandes empresas, que son las que mejor pagan, tienen también la mayor tasa de explotación laboral. Si uno compara lo que percibe un trabajador en relación con la productividad de una empresa, la diferencia es brutal. La tasa de explotación es altísima, porque el resto del mercado laboral le fija un piso de discusión muy baja

Fuente Urgente24

"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)

(...) Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."

Leonardo Boff, Casamento entre o céu e a terra. Salamandra, Rio de Janeiro, 2001.pg09

Hacia un Socialismo Nuevo La Utopía continúa

¿Qué cambios hemos experimentado en función de las lecciones que nos ha dado la historia? ¿Qué actitudes, qué acciones son de esperar hoy de una militancia socialista? Nadie nace socialista, el socialista se hace. Personalmente y comunitariamente. Hay valores referenciales, eso sí, que son columnas maestras del socialismo nuevo: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.

La Utopía continúa, a pesar de todos los pesares. Escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismo, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. La Utopía de que hablamos la compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esta Utopía está en construcción; somos obreros de la Utopía. La proclamamos y la hacemos; es don de Dios y conquista nuestra. Con esta «agenda utópica» en la mano y en el corazón, queremos «dar razón de nuestra esperanza»; anunciamos e intentamos vivir, con humildad y con pasión, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora.

Pedro CASALDÁLIGA

Para probar si sos human@


UTOPÍAS


Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía


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Escrito por "Mario Benedetti"
Tomado de "Praxis del fulano" del libro "Las soledades de babel"

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