miércoles, 20 de febrero de 2008

CUBA, ESPERANZA SOCIALISTA

por Frei Betto
El fin de la Guerra Fría y la caída del muro de Berlín significaron, para el planeta, la hegemonía unipolar del neoliberalismo y el agravamiento de las desigualdades sociales. Hoy día somos 6.6 mil millones de habitantes en el mundo, de los cuales, según la ONU, 2/3 viven por debajo de la línea de pobreza, y cerca de 1.4 mil millones de personas viven en la miseria, o sea, disponen de una entrada inferior a US$ 1 por día, o US$ 30 por mes. De ellos, 854 millones sufren hambre crónica. Bastarían US$ 500 mil millones para reducir drásticamente el número de hambrientos en el mundo. Sin embargo se gasta anualmente el doble de dicha cantidad en armamentos. Se invierte en la muerte, y no en la vida. Ésta es la lógica del sistema capitalista. En un momento importante como ahora no puedo callar esta pregunta: ¿Por qué el socialismo, que en teoría significaría una alternativa humanitaria al capitalismo, fracasó en Europa y en Asia? Hay muchas hipótesis y explicaciones. Pienso que el capitalismo tuvo la sagacidad de que, al privatizar los bienes materiales, intentó socializar los bienes simbólicos. En el interior de una chabola en una favela de Rio de Janeiro una familia miserable, desprovista de sus derechos básicos como alimentación, salud y educación, puede soñar con el universo onírico de las telenovelas y creer que, a través de la lotería, de la suerte, de la iglesia que le promete prosperidad, o incluso de la delincuencia, podrá tener acceso a los bienes superfluos. El socialismo cometió el error de, al socializar los bienes materiales, privatizar los bienes simbólicos, confundiendo la crítica constructiva con la contrarrevolución; cercenando la autonomía de la sociedad civil sujetando al partido los sindicatos y los movimientos sociales; cohibiendo la creatividad artística por medio del realismo socialista; permitiendo que la esfera de poder se transformase en una casta de privilegiados distantes de los anhelos populares; cayendo en la paradoja de conquistar grandes avances en la carrera espacial y no ser capaz de suplir debidamente el mercado minorista de géneros de primera necesidad. Hoy día queda Cuba como ejemplo de país socialista. Todos nosotros conocemos los desafíos y problemas que esta Revolución enfrenta en vísperas de su medio siglo de existencia. Sabemos los nefastos efectos del criminal bloqueo impuesto a Cuba por el gobierno de los Estados Unidos y cómo la Casa Blanca mantiene injustamente encarcelados a cinco héroes cubanos comprometidos con la lucha antiterrorista y favorece a terroristas renombrados como Posada Carriles. A pesar de todas las dificultades, Cuba, en estos 49 años de Revolución, logró asegurar a toda su población los tres derechos básicos del ser humano: alimentación, salud y educación. Y algo más importante aún: elevó considerablemente la autoestima de la ciudadanía cubana, que tan patentemente se expresa en sus victorias en los campos del arte y del deporte, así como en la solidaridad internacional, a través de miles de profesionales cubanos de las áreas de la salud y la educación presentes en más de un centenar de países del mundo, generalmente en regiones inhóspitas marcadas por la pobreza y la miseria. Cuba tiene una responsabilidad histórica para con la memoria de Martí, del Che Guevara y de todos aquellos que dieron la vida por su independencia y soberanía: ¡el socialismo cubano no tiene derecho a fracasar! Si sucediera así, no sería solamente Cuba la que, como símbolo, desaparecería del mapa, como sucedió con la Unión Soviética. Sería la confirmación de la funesta previsión de Fukuyama, de que "la historia terminó"; que la esperanza - una virtud teologal para nosotros los cristianos- se acabó; que la utopía murió; y que el capitalismo venció, venció para unos pocos - el 20% de la población mundial que usufructúa sus avances- sobre una montaña de cadáveres y de víctimas. Nosotros, amigos de la Revolución cubana, no esperamos de Cuba grandes avances tecnológicos y científicos, servicios turísticos de primera línea, medallas de oro en competiciones deportivas... Esperamos mucho más que eso: la acción solidaria de que hablaba Martí; la felicidad de un pueblo construido sobre la base de valores éticos y espirituales; el principio evangélico del compartir los bienes; la creación del hombre y la mujer nuevos, como soñaba el Che, centrados en la posesión, no de los bienes finitos, sino de los bienes infinitos, como la generosidad, el desapego, el compañerismo, la capacidad de hacer coincidir la felicidad personal con los éxitos comunitarios. En resumen, anhelamos que, en Cuba, el socialismo sea sinónimo de amor, que significa entrega, compromiso, confianza, altruismo, dedicación, fidelidad, alegría, felicidad. Pues el nombre político del amor no es otro que socialismo.

Autor de "Fidel Y la Religión" , entre otros libros Fuente: Adital

"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)

(...) Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."

Leonardo Boff, Casamento entre o céu e a terra. Salamandra, Rio de Janeiro, 2001.pg09

Hacia un Socialismo Nuevo La Utopía continúa

¿Qué cambios hemos experimentado en función de las lecciones que nos ha dado la historia? ¿Qué actitudes, qué acciones son de esperar hoy de una militancia socialista? Nadie nace socialista, el socialista se hace. Personalmente y comunitariamente. Hay valores referenciales, eso sí, que son columnas maestras del socialismo nuevo: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.

La Utopía continúa, a pesar de todos los pesares. Escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismo, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. La Utopía de que hablamos la compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esta Utopía está en construcción; somos obreros de la Utopía. La proclamamos y la hacemos; es don de Dios y conquista nuestra. Con esta «agenda utópica» en la mano y en el corazón, queremos «dar razón de nuestra esperanza»; anunciamos e intentamos vivir, con humildad y con pasión, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora.

Pedro CASALDÁLIGA

Para probar si sos human@


UTOPÍAS


Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía


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Escrito por "Mario Benedetti"
Tomado de "Praxis del fulano" del libro "Las soledades de babel"

Verdaderos Liderazgos

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