domingo, 14 de julio de 2013

Pan

El pan nació y se dispersó por el mundo atravesando culturas y etnias. Fue democrático y revolucionario. Se repartió para que uno solo alcanzara para todos, se entregó al mendigo aun cuando la mesa quedara vacía para conmover al Brahma y que hiciera nacer un árbol de pan, como en la leyenda hindú. Por él se encendieron guerras y cayeron reyes. Y las espigas se diseminaron por la tierra como cabelleras rubias creciendo apasionadamente en la piel negra del planeta.

Crecieron y se hicieron grandes y bellas en una remota tierra de los pies del mundo.

En la Argentina crece el pan en las espigas, la carne pace por los campos inmensos y la leche fluye mansamente. No debería tener lugar el hambre en la tierra donde las semillas brotan en las banquinas y en las macetas.

La riña de poder entre el gobierno y los más poderosos sembradores replegó a las espigas. El gobierno les puso límites a las exportaciones de trigo supuestamente para que el pan estuviera a mano de todos. Pero la producción se mudó masivamente hacia otras semillas. La soja invadió casi el 65% de la tierra cultivada del país. Corrió a las vacas, taló los montes, postergó al trigo.

El negocio estaba en otro lado. En la soja con transgénesis y menos riesgo, en el agrotóxico que la libera de toda posibilidad viviente alrededor (incluidos pájaros y a veces niños), en la semilla modificada que se devora como un pac man los árboles y las nutrientes y vuelve loco al cielo que reparte, desquiciado, inundaciones y sequías.

Pero ya no en el pan. 

Nueve millones de toneladas de trigo se cosecharon este año. Hace seis -y parece tan lejos- fue el record histórico de 16 millones. Un 43% menos. La harina se esfumó y el pan, el matador de todas las hambres, el democrático y el revolucionario, se convirtió en una tajada del privilegio. A 18 pesos el kilo, es una quimera en la mesa y un cuento mentiroso en la panza de los pibes.

En el país de los alimentos, el pan ya no es ni democrático ni revolucionario. Se volvió una herramienta más del capitalismo que decide el destino de las hambres y maneja la intemperie a su placer. Se da y se quita, como una sortija.


Una nota de Silvana Melo en la Agencia Pelota de Trapo (APE)

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"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)

(...) Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."

Leonardo Boff, Casamento entre o céu e a terra. Salamandra, Rio de Janeiro, 2001.pg09

Hacia un Socialismo Nuevo La Utopía continúa

¿Qué cambios hemos experimentado en función de las lecciones que nos ha dado la historia? ¿Qué actitudes, qué acciones son de esperar hoy de una militancia socialista? Nadie nace socialista, el socialista se hace. Personalmente y comunitariamente. Hay valores referenciales, eso sí, que son columnas maestras del socialismo nuevo: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.

La Utopía continúa, a pesar de todos los pesares. Escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismo, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. La Utopía de que hablamos la compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esta Utopía está en construcción; somos obreros de la Utopía. La proclamamos y la hacemos; es don de Dios y conquista nuestra. Con esta «agenda utópica» en la mano y en el corazón, queremos «dar razón de nuestra esperanza»; anunciamos e intentamos vivir, con humildad y con pasión, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora.

Pedro CASALDÁLIGA

Para probar si sos human@


UTOPÍAS


Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía


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Escrito por "Mario Benedetti"
Tomado de "Praxis del fulano" del libro "Las soledades de babel"

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