domingo, 5 de abril de 2009

TODA UNA SOCIEDAD CULPABLE DE LA MUERTE DEL BUEN PASTOR


(Osvaldo Bayer – 1985)


Estuvimos tras las huellas dejadas por esa figura inolvidable de la solidaridad y fraternidad humanas: el obispo Angelelli. Y nos dimos de frente con una realidad cruel, muy cruel, increíblemente hipócrita. La realidad de nuestra sociedad y la de las columnas donde se asienta.

Acompañé a un equipo de la televisión alemana para filmar un documental sobre el obispo riojano cuya figura se agiganta cada vez más en el extranjero a medida que aquí se lo trata de esconder y negar día a día.

Uno de nuestros primeros pasos nos llevó a Neuquén, a conversar con el obispo De Nevares. El nos habló de la soledad de Angelelli en la asamblea episcopal. De Nevares nos relató con emoción cómo, recién después del asesinato del ministro de Cristo, se dio cuenta realmente de que hubiera podido hacer más, tal vez, por acompañarlo. Angelelli callaba los peligros que se cernían sobre él mismo y continuaba su lucha. Aunque no callaba las persecuciones de que eran objeto sus curas, sus monjas, sus laicos. Pero en el conciliábulo de los príncipes de la Iglesia no había oídos para su voz. Lo dejaron solo. Y cuando ocurrió su martirio, cuando quedó tirado sobre el pavimento en la soledad de los Llanos, con los brazos abiertos como el Jesús crucificado, los príncipes de la Iglesia, sus hermanos en Caín, callaron, y siguen callando aún.

En Neuquén nos encontramos por casualidad con otro purpurado, el vicario general de las Fuerzas Armadas, monseñor Medina. Le preguntamos si quería opinar ante la televisión alemana acerca de la figura de monseñor Angelelli. Nos respondió nada más que esto: ";No! ¡no! y ¡no!" Con la arrogan¬cia de aquellos cardenales de la Inquisición, todopoderosos.

Pero, por lo menos, el obispo militar dio la cara. Hubo otro que no la dio y su repuesta fue igual de terrible. A través del cónsul alemán en Córdoba se pidió una entrevista al cardenal Primatesta. La respuesta telefónica -que recién se produjo siete días después-, fue rotunda: "De ninguna manera".

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina no perdió una sola palabra ni un minuto de tiempo para hablar sobre el mártir riojano. Lo negaba. El gallo bíblico había ya cantado tres veces y monseñor continuaba negando a su hermano sacrificado. Pero no por miedo, como el apóstol Pedro, sino porque Angelelli es la memoria permanente y punzante de una jerarquía eclesiástica que vio asesinar, secuestrar, torturar, violar, robar y calló.

Calló hasta cuando las bandas uniformadas asesinaron a los pastores de sus propios rebaños. El "de ninguna manera" sonó como una cachetada en el rostro de quienes habían venido desde Europa a conocer la palabra de la jerarquía eclesiástica sobre el obispo riojano. Ahí sí que comprendieron lo que significa el pecado de soberbia, táctica un tanto burda para cubrir el pecado de complicidad -en este caso el silencio- ante toda una política que produjo el holocausto argentino.


La valiente actitud del obispo De Nevares, quien en 1982 declaró que el supuesto accidente de monseñor Angelelli había sido un crimen, obró para que la causa judicial se reabriera. Pero la Conferencia Episcopal siguió guardando silencio -como si nadie les hubiese informado nada— y sigue guardando silencio.

Pero no sólo es la Iglesia la que guarda silencio sobre el crimen. También callan los poderes políticos y calla toda una sociedad culpable.


Porque una verdadera investigación por el asesinato de Angelelli se convertiría en un juicio a la sociedad argentina. Cómo es posible que cuando el honesto juez Oyola de Chamical ordena la detención del coronel Malagamba, el gobierno del doctor Alfonsín responde ascendiendo al inculpado a general de la Nación.


¿No es eso acaso intromisión en la justicia, no es eso una presión enorme sobre las espaldas de un juez absolutamente solo que tiene ya los hilos de la confabulación que llevó al asesinato de los curas Murias y Longueville, verdadero prefacio a la posterior eliminación de Angelelli?


Hay testigos que vieron a los dos curas en la Base Aérea de Chamical antes de ser asesinados. El día anterior, había llegado a la base el coronel Malagamba -hoy general de la democracia-jefe del área de Seguridad 314 durante la dictadura..Los dos sacerdotes aparecieron muertos, atados y amordazados, con evidentes señales de torturas, a quince kilómetros de la base aérea. Santos Fernández, el poblador cercano al lugar donde fueron hallados los cadáveres, que oyó los tiros y vio partir el automóvil de los asesinos, apareció poco después también muerto. La policía provincial caratuló sospechosamente el expediente como "muerto en accidente de caza".


El asesinato de los dos "padrecitos" -como los llaman los pobladores humildes de La Rioja que dejan su plegaria ante las cruces levantadas junto a los rieles- era la contestación a la obra y las palabras de justicia del obispo. Semanas antes, monseñor Angelelli había expulsado de la misa al comodoro Aguirre, el todopoderoso dueño y señor de Chamical, por haberlo querido interrumpir en su homilía. El orgullo del jefe de la base había quedado herido. Decir la verdad en 1976 no temblar ante los jerarcas de la represión -mientras todos callaban- era condenarse a muerte. Dos semanas después del vil asesinato de los padrecitos, apareció monseñor Angelelli tirado sobre el pavimento, con los brazos extendidos y mirando al cielo, sin vida.


Los culpables siguen libres. Ascendidos, o en sus latifundios o en sus puestos de gobierno. Tal vez el símbolo más patente del pecado de toda una sociedad riojana sea el estado actual del latifundio de Azalini. Ese fue el predio -tierra y agua juntas- que monseñor Angelelli quería que se diese a los campesinos sin tierra para que se organizara una cooperativa de trabajo. Por muerte del dueño, las tierras casi no se labraban, perdiéndose el agua. Cuando Angelelli expuso el proyecto de expropiación, comenzó la campaña contra el obispo llamándolo comunista y acusándolo de querer hacer funcionar un "Koljós". Eran tiempos del primer gobierno de Carlos Saúl Menem. El proyecto llegó a la legislatura y fue rechazado por el voto de los diputados radicales y de la mitad de la bancada justicialista. El sueño del obispo y sus pobres campesinos no pudo cumplirse. Hoy habría que llevarlos a esos legisladores que se llenan la boca con la palabra democracia -que no es sólo el derecho a voto sino también el derecho a compartir las riquezas de la tierra- a visitar el latifundio Azalini: todo abandonado. Las casas en ruinas, los campos inservibles ya por las malezas -se necesitarían millones para limpiarlos- y el agua que se pierde. Lo que hubiera podido ser un vergel de frutos, solidaridad y trabajo, es hoy un páramo.


A Angelelli no sólo lo habían matado los verdugos de uniforme sino toda una sociedad egoísta y farisea.

"La muerte de monseñor Angelelli -nos dijo el actual obispo de La Rioja, monseñor Witte- comenzó mucho antes, con los sucesos de Anillaco". Allí, una pueblada organizada por los terratenientes y bodegueros de la zona, capitaneados por Amado Menem, expulsó violentamente de la iglesia del lugar a monseñor Angelelli y a sus curas y monjas. Fue una cobarde acción, donde con piedras y puntapiés y al grito de "Angelelli comunista", el representante de la iglesia tuvo que abandonar el lugar. Ese acto brutal contra un hombre pacífico, cuya única arma era la palabra, fue el punto inicial de su calvario que lo llevaría a quedar crucificado en la ruta de cemento de los llanos solitarios. El diario "El Sol", de Tomás Alvarez Saavedra, lo difamaba diariamente llamándolo "Satanelli" en vez de Angelelli. Era el reino cobarde de la patota. En nuestro país había piedra libre y lodo quedaba impune.


El juez de Chamical. Héctor Antonio Oyola, que llevó la causa de los dos curas asesinados desde 1985 pidió a la jerarquía eclesiástica colaboración para profundizar la investigación. Los cardenales Aramburu y Primatesta y también el obispo Rubiolo quien se había hecho cargo de la diócesis de La Rioja en el primer año después de la muerte de Angelelli- contestaron con toda frialdad que no tenían ningún dato para agregar. Sólo De Nevares., Hesayne y Novak contestaron que deseaban ayudarlo. El juez se fue quedando solo, allí en su pequeña oficina de Chamical teniendo enfrente a la todopoderosa base de la Aeronáutica. Y como epílogo de todo este drama que es la actualidad judicial argentina, al juez Oyola, para alejarlo de la causa, lo ascienden, "promo-vertur ut removertur", decían los antiguos latinos.


El juez de instrucción de La Rioja. Aldo Morales, que entiende en la causa del "misterioso accidente" de Angelelli, tiene que atender, a su vez, decenas de otras causas que se le van sumando todos los días. Un hombre solo contra todo el aparato, contra una sociedad que cambió el disfraz pero que sigue siendo la misma. La piel de oveja ha cubierto al lobo, pero los dientes siguen afilados.


La Iglesia tendría que haber lanzado toda la fuerza de su poder a fin de ayudar a esclarecer la muerte de su pastor. El actual gobierno de Menem tendría que haber empleado todos los medios para aclarar todas las "misteriosas circunstancias". La legislatura riojana -a través de sus representantes justicialistas y radicales- tendría que haber designado una comisión investigadora. Nada se hizo. "Está en la justicia", dicen pomposamente los políticos. "Respetamos la división de poderes", dicen los hombres de gobierno. La gran coartada, la gran farsa, el gran fariseísmo. Es que nada ha cambiado. Son los representantes de la misma sociedad riojana que crucificó al buen pastor en la cinta de cemento de los llanos.

OSVALDO BAYER


El artículo fué rescatado por fmamerica.com portal al que puede accederse haciendo clic en el título.

"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)

(...) Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."

Leonardo Boff, Casamento entre o céu e a terra. Salamandra, Rio de Janeiro, 2001.pg09

Hacia un Socialismo Nuevo La Utopía continúa

¿Qué cambios hemos experimentado en función de las lecciones que nos ha dado la historia? ¿Qué actitudes, qué acciones son de esperar hoy de una militancia socialista? Nadie nace socialista, el socialista se hace. Personalmente y comunitariamente. Hay valores referenciales, eso sí, que son columnas maestras del socialismo nuevo: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.

La Utopía continúa, a pesar de todos los pesares. Escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismo, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. La Utopía de que hablamos la compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esta Utopía está en construcción; somos obreros de la Utopía. La proclamamos y la hacemos; es don de Dios y conquista nuestra. Con esta «agenda utópica» en la mano y en el corazón, queremos «dar razón de nuestra esperanza»; anunciamos e intentamos vivir, con humildad y con pasión, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora.

Pedro CASALDÁLIGA

Para probar si sos human@


UTOPÍAS


Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía


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Escrito por "Mario Benedetti"
Tomado de "Praxis del fulano" del libro "Las soledades de babel"

Verdaderos Liderazgos

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